Estaba en el lounge VIP del hotel en Marbella, ese rincón de lujo puro donde solo entran los que valen millones. Cuero italiano en los sofás, olor a Chanel y a cigarros cubanos caros. Yo, con mi vestido de seda negra ajustado, el pelo negro recogido en un moño improvisado con un lápiz, revisando contratos en mi iPad. Pechos generosos asomando por el escote, la tira del sujetador de encaje negro juguetona sobre el hombro. Tomaba sorbos de champagne Dom Pérignon, frío, burbujeante, con ese toque dulce en la lengua.
Lo vi entrar. Alto, traje a medida, ojos azules que gritaban poder. Se sentó frente, con su maletín de piel, fingiendo leer dossiers. Pero sus ojos… ay, sus ojos me devoraban. Primero mi cara, luego bajaron a mis labios, que se entreabrían al leer. Sentí su mirada quemándome la piel pálida. Me mordí el labio, ¿eh?, jugué con un mechón de pelo, enroscándolo en el dedo, vaivén lento, sugerente. Clavé los ojos en él, pestañeando despacio. Bajé el iPad un poco, arqueando la espalda para que viera bien mis tetas, el encaje asomando pícaro.
La Tensión que Enciende el Fuego
Él se sonrojó, pillado in fraganti. Bajó la vista, pero sonrió tímido. Yo le devolví la sonrisa, maliciosa. Hacía rato que notaba su polla endureciéndose bajo el pantalón. Me levanté despacio, dejando mis cosas en la mesa. Caminé hacia el rincón privado, esa alcoba con estanterías de libros raros y cortinas de terciopelo que aíslan del mundo. Sin mirar atrás, sabiendo que me seguiría.
Apareció detrás. Lo agarré del cuello de la camisa, lo empujé contra la estantería de caoba. Mis manos en su pecho ancho, bajando rápidas. ‘¿Quieres esto, verdad?’, murmuré, voz ronca. Él jadeó: ‘Sí… joder, sí’. Desabroché su braguette, saqué su polla dura, gruesa, palpitante. Olor a hombre excitado, a colonia cara. Me arrodillé, sin soltar su mirada. Lamí la punta, salada, caliente. La metí en la boca, chupando fuerte, lengua girando alrededor del glande. Él gimió, manos en mi pelo, deshaciendo el moño. ‘Dios, qué boca…’. La tragué hasta la garganta, saliva goteando, mamada intensa, rápida. Sentí su polla vibrar, a punto de explotar.
El Orgasmo Explosivo y el Regreso al Glamour
Me paré, no quería que acabase aún. Mi coño ardía, húmedo, empapando el tanga de encaje. Me subí el vestido de seda, suave contra la piel, aparté la tela. ‘Fóllame ahora’, ordené, voz temblorosa de ganas. Me cogió por la cintura, fuerte, y me empaló de un empujón. ‘¡Ahhh!’, grité bajito. Su polla enorme abriéndome el coño, llenándome hasta el fondo. Ritmo brutal, embestidas salvajes. Olía a sexo, a sudor mezclado con cuero. Enrosqué las piernas en su espalda, uñas clavadas en su piel. ‘Más duro, cabrón’, jadeé. Él gruñía: ‘Tu coño es una puta delicia… tan apretado’. Cada polvazo me hacía temblar, pezones duros rozando su camisa.
El lápiz cayó del pelo, mechones sueltos volando con sus caderas. Eso lo volvió loco. ‘Me corro…’, avisó. Yo también, olas de placer rompiéndome. ‘¡Córrete dentro!’. Su semen caliente inundándome, mi coño contrayéndose en espasmos. Orgasmos sincronizados, perfecto, eterno segundo de éxtasis puro.
Se retiró despacio, beso suave en mi frente. Sudados, jadeantes. Me arreglé el vestido, pelo en moño rápido, tanga en su sitio, coño goteando su leche. Él cerró la braguette, alisó la camisa. Volvimos a las mesas como si nada. Champagne nuevo, contratos abiertos. Nuestras miradas se cruzaron una vez más, cómplices. Secreto de elite. Él para su jet privado, yo a mi yate. Adrenalina, poder, placer exclusivo. Aún siento su sabor.