You are currently viewing Mi follada prohibida en el yate privado con mi stagiaire de 23 años

Mi follada prohibida en el yate privado con mi stagiaire de 23 años

Chicas, os voy a contar algo que me pasó hace un año, aún me mojo al recordarlo. Me llamo Sofía, tengo 48, casada con un pez gordo del mundo financiero, pero sin hijos. Dirijo la división VIP de una empresa de jets privados. Todo lujo, contratos millonarios, olores a cuero nuevo y champagne Dom Pérignon en cada reunión.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Alejandro, 23 años, hijo de una amiga de mi madre, entró de stagiaire en mi equipo. Alto, musculoso, con esa mirada de chico bueno que esconde un lobo. Llegó un lunes, traje gris impecable, sonrisa tímida. ‘Hola Sofía, ¿qué tal?’, dijo. Yo, con mi falda lápiz negra, blusa seda blanca que marcaba mis tetas grandes, le tendí un catálogo de jets. Me incliné sobre su hombro, mi perfume Chanel rozó su cuello. Sentí su calor. Él tragó saliva. ‘Esto… es impresionante’, balbuceó, pero sus ojos bajaban a mi escote.

La tensión sube en el despacho de lujo

Los días pasaban, revisando contratos en mi despacho panorámico, vistas al mar. Nuestras manos se rozaban en los papeles, miradas que duraban demasiado. El viernes, mi marido volaba a Dubái por negocios. ‘Alejandro, ¿vienes este finde a mi yate privado? No estaré sola, piscina, cena… para celebrar tu primera semana’. Él, rojo: ‘Sí, Sofía, con gusto’. El sábado, llegué al puerto en mi Porsche, él esperaba con bermuda y camisa ligera. Subimos al yate, 30 metros de puro lujo: cubierta de teca, jacuzzi burbujeante, olor a sal y crema solar cara.

Cena en la terraza: langosta, vino blanco helado. ‘¿Te gusta, cariño?’, pregunté, rozando su pierna con la mía. ‘Delicioso, como tú’, soltó, nervioso. Calor asfixiante. ‘Siesta antes del agua?’, propuse. Nos tumbamos en hamacas de seda, él a mi lado. Me quedé dormida, bikini rojo mínimo bajo el pareo. Desperté con su mirada fija en mis tetas. ‘Ponte el bañador, ve al camarote’, le dije. Entró, oí ruido. Salió con erección disimulada.

‘Al borde del jacuzzi, ¿me pones crema?’, pedí, boca abajo. Sus manos temblorosas en mis pantorrillas, subiendo a muslos. ‘Las tiras me molestan’, murmuré. Desaté el top, espalda desnuda. Su toque, eléctrico, piel de gallina. Me giré, tetas al aire: pezones duros, grandes. Él boqueó. ‘Al agua’, grité, riendo. Nos metimos, agua tibia. Me pegué por detrás, mis tetas contra su espalda. Chahutamos, mis manos por su pecho, su polla dura contra mi culo. ‘Me pones cachonda, chaval’, susurré.

El clímax brutal en la privacidad del yate

‘Mi marido no me folla hace meses, solo curro’, confesé, apretando su paquete. ‘Eres una diosa’, jadeó. Le besé, lengua dentro, mano en su bañador: polla gruesa, venosa, palpitante. ‘Fóllame, pero calladito’. Salimos, al hamacón. Le chupé los pezones, bajé: quité su bañador, mamé esa verga dura, bolas pesadas. ‘Joder, Sofía…’. Le abrí las piernas, coño rasurado chorreando. ‘Lámeme el clítoris’, ordené. Lengua en mi botón, dedos en chocho húmedo. Gemí: ‘¡Sí, métemelo!’. Dos dedos, luego ano rosado: ‘¡Ahhh, cabrón!’.

Me arrodillé, le tragó la polla hasta la garganta, baba por todas partes. Tetas alrededor, paja tittyfuck. ‘Fóllame ya’, supliqué, a cuatro patas. Empujó: ‘¡Qué coño apretado!’. Polla entrando, bolas golpeando. ‘¡Más fuerte, joder mi chocho!’. Dedos en culo, él gimiendo. ‘Quiero tu ano, puta’. Escupió, glande en mi ojete: despacio, luego embestidas brutales. ‘¡Me corro, Sofía!’. Se sacó, me giró: leche caliente en boca, tragué todo.

Minutos después, champán en mano, como reinas. ‘Vuelve mañana, serás mi amante secreto’. Él: ‘Sí, jefa’. Bajamos a puerto, trajes perfectos, sonrisas inocentes. En oficina, contratos normales, pero roces bajo mesa, folladas en jet vacío. Nuestro vicio elite, puro poder.

Leave a Reply