Ay, chicas, acabo de volver de Ibiza, y tengo que contaros esto antes de que explote. Fin de junio, calor pegajoso, noche cayendo sobre el mar. Estoy en el yate privado de la fundación, lounge VIP puro lujo. Cuero italiano oliendo a rico, copas de champán Dom Pérignon burbujeando, sofás de seda rozando mi piel. Mañana, el oral decisivo con el patrón, tres plazas para beca en Harvard. Si la cago, adiós sueños. Nervios a flor de piel, no duermo. Reviso mis dossiers bajo las luces tenues, sudando.
De repente, un grupo de ejecutivos ruidosos me empuja. Choco contra él, un tipo imponente frente a la mesa de póker high-roller. Su mirada verde, cicatriz en la mejilla, pelo negro revuelto, traje a medida. Cuarenta y pico, pero con ese rollo de lobo alfa. ‘Joder, me has hecho perder la apuesta’, gruñe, pero sonríe. ‘No pasa nada, preciosa, son esos idiotas’. Yo, roja, ‘Perdón, estaba… distraída’. Él apunta, gana el bote: un reloj Patek Philippe reluciente. Se gira: ‘¿Qué eliges tú? ¿El champán? ¿La joya? Toma, para ti’. Dudo, pero extiende mi brazo, sus manos grandes, callosas bajo el traje, abrochándolo con ternura. ‘Ven, te enseño el yate de verdad’.
La Tensión en el Lounge Exclusivo
Caminamos, su mano firme en mi cintura, olor a colonia cara y mar. Olvido los nervios. Entramos en la zona ‘terrorífica’: un cine 4D privado con efectos locos, oscuridad, relámpagos falsos. Grito al primer jumpscare, me pego a su pecho ancho. Él me abraza, mano baja… nota que voy sin sujetador bajo el vestido de seda. ‘Relájate, nena’, murmura, rozando mi teta. Suave al principio, como masaje. Me derrito, levanto la cara, labios cerca. Yo ataco primero, lengua en su boca. Él responde, experto, me come viva. El carrito para, salimos pegados, su polla ya dura contra mi culo.
Me lleva a la suite VIP, puerta se cierra, clic metálico. Espacio privado: cama king size, vistas al mar, aire acondicionado frío en mi piel caliente. Nos desnudamos lento. Su cuerpo… dios, abdominales de acero, polla gruesa, venosa, semi-dura ya media asta. La mía, depilada, húmeda. ‘Estás tensa, ¿eh? ¿Miedo al mañana?’, dice mientras me tumba boca abajo. Masajea mis piernas, sube a muslos, nalgas redondas. Huele a aceite de masaje y su sudor masculino. Gimo. Manos en mi espalda, baja a tetas por detrás, pellizca pezones. Me vuelvo, él chupa uno, muerde suave, lengua vibrando. Mano al coño, frota el clítoris, dos dedos dentro, resbaladizos.
‘Joder, estás chorreando’, ríe. Baja la cabeza, lengua en mi raja, lame labios mayores, mete punta en el agujero. Dedos tres ya, follando mi coño, pulgar en el culo girando. Exploto, grito, piernas temblando, jugos por su barbilla. Cambio: su polla en mi boca, gorda, no cabe toda, la mamo, saliva chorreando, bolas en mi mano. Él lame mi ano, lengua en el ojete. Vuelvo a correrme, él aún tieso. Se pone encima, yo guío su verga, froto clítoris, entra despacio… uf, llena todo. Me pistonea brutal, sale casi toda, embiste hondo, pubis contra clítoris. ‘¡Fóllame fuerte!’, pido. Yo aprieto, corro primero.
El Éxtasis Brutal en la Suite Privada
‘Ahora yo’, dice, se tumba. Monto, empalo esa polla enorme, subo-bajo, músculos vaginales apretando como puta pro. Tetas en su cara, él mama, dedo en mi culo hasta nudillos. Se corre dentro, leche caliente inundándome, gime ronco. Nos quedamos jadeando, sudor pegajoso, olor a sexo y champán.
Ducha rápida, él me enjabona tetas y coño tierno. Vestimos, bajamos como si nada. ‘Adiós, duerme bien’, besa mi cuello. Vuelvo a mi suite, duermo como angelito.
Al día siguiente, salón de juntas. Traje sastre, pelo recogido, el reloj en muñeca. Él preside, traje impecable, sin cicatriz visible. Me reconoce al instante: ‘¿Tema?’. Tiendo papel, voz firme, expongo perfecto, calmada. ‘Gracias, resultados mañana’. Sonrisa pícara solo para mí.
Lista número uno. ‘Impresionante tu temple’, dice una examinadora. Sonrío: sí, el cabrón me preparó bien. Secreto elite, puro poder.