Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate en la bahía de Río, el corazón aún me late fuerte. Soy española de Madrid, familia con pasta vieja, pero aquí negocio con mi socio Didier, ese moreno de Friburgo, herencia europea en las montañas. Nos conocemos desde niños, siempre con ese rollo de privilegios. Hoy, contrato gordo para un resort de lujo. El yate es una puta pasada: cuero italiano oliendo a rico, champán Dom Pérignon helado en copas de cristal, viento salado mezclándose con su colonia cara.
Estamos en la cubierta VIP, solos con el patrón abajo. Dossiers abiertos en la mesa de teca, yo con mi vestido de seda negra pegado al cuerpo por la brisa húmeda. Él en camisa blanca, pantalón ajustado. Hablamos números, pero… eh… sus ojos bajan a mis tetas, que se marcan bajo la tela fina. Yo noto su paquete hinchándose contra el pantalón. ‘Mira este cláusula, Didier’, digo, inclinándome, rozando su brazo. Él traga saliva, ‘Sí… joder, qué curvas tiene esto’. Silencio pesado, el sol cayendo sobre el Cristo Redentor allá lejos. El aire huele a mar y a testosterona. Mi coño palpita ya, mojado bajo las bragas de encaje.
El yate de lujo y la tensión entre miradas
De repente, cierra el dossier. ‘Basta de papeles, vamos abajo’. El espacio VIP se cierra: puerta de la cabina corredera, luces tenues, cama king con sábanas de hilo egipcio. Yo entro primera, el tacón clac en el suelo de madera pulida. Él cierra, nos miramos. ‘Sabes que te deseo desde Friburgo, ¿verdad?’, murmura, voz ronca. Le empujo al sofá de cuero, huelo su piel sudada de excitación. Le bajo el zipper, su polla salta dura, venosa, gorda como un mango maduro. ‘Joder, qué pedazo’, gimo, escupo en la mano y la agarro fuerte. Él jadea, ‘Sí, cabrona, aprieta más’.
El clímax brutal en la cabina privada
Le chupo el capullo morado, sabor salado a pre-semen, lengua girando alrededor. Él me arranca el vestido, tetas libres, pezones duros como diamantes. Me tumba en la cama, seda fría contra mi espalda caliente. ‘Abre las piernas, puta exclusiva’, gruñe. Su lengua en mi coño, lamiendo el clítoris hinchado, chupando mis labios mojados. Grito, ‘¡Más, joder, métemela ya!’. Me penetra de golpe, polla gruesa abriéndose paso, golpeando fondo. ‘¡Qué coño apretado!’, ruge, follando brutal, huevos chocando contra mi culo. Cambio: yo encima, cabalgando, tetas botando, uñas en su pecho. Él me da la vuelta a cuatro patas, dedo en mi ano, luego su polla lubricada con mis jugos. ‘¿Quieres por el culo, zorra VIP?’. ‘¡Sí, rómpeme!’, suplico. Entra lento, quema delicioso, luego embiste salvaje. Siento venas pulsando, olor a sexo crudo, sudor goteando. Me corro gritando, squirt empapando sábanas, él eyacula dentro, leche caliente llenándome, chorros interminables. ‘¡Toma mi semen, elite puta!’.
Quince minutos después, ducha rápida, vapor y jabón caro. Salimos a cubierta, vestidos impecables. Brindamos champán burbujeante, ‘Contrato cerrado, socio’. Sonrisas cómplices, nadie sabe. El yate vira a puerto, lujo intacto, secreto nuestro. Adrenalina de poder, placer exclusivo. Aún siento su polla fantasma en mí.