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Mi follada brutal en el yate privado con una pareja VIP

Ay, qué noche… Acabo de volver de mi yate privado, anclado frente a Ibiza. Todo empezó con un chat caliente en una app exclusiva para élites. Ellos, un pareja guapa: él, ejecutivo con traje impecable; ella, morena despampanante en vestido de seda cruzado, ajustado por un lazo en la espalda. Flirteamos días, se morían por un ‘accidente’ fortuito: ella follada por un desconocido delante de él. Les propuse mi yate para un ‘fin de semana sorpresa’ en mi villa en Formentera. Dijeron sí.

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Llego al muelle VIP, el sol besa el mar, olor a sal y cuero nuevo del interior. Les recojo en mi Riva reluciente. Él sube delante, ella atrás, en la banqueta de piel italiana. Brindamos con Dom Pérignon helado, burbujas en la lengua, dulces y frías. El motor ronronea suave, navegamos a mar abierto. Hablamos banalidades: mi vida de privilegios, viajes en jet, clubs privados. Pero pronto, la charla vira… Le cuento anécdotas de pasajeras solas en mi yate, cómo el encierro en lujo crea intimidad. Ella se adelanta, rodillas entre asientos, escote profundo asomando, pechos casi libres bajo la seda.

La tensión sube en el yate de lujo

— ¿Nunca pasó nada? —pregunta él, pícaro, girándose a ella—. Imagina, amor, tú sola conmigo en este yate… o con ella, hmm.

Ella ríe, ojos en mi retrovisor: —Mejor dos… Uno pilota, el otro me cuida. —Me mira fijo, piernas abriéndose un poco. Veo su tanga blanca entre muslos suaves. Silencio cargado, perfume almizclado suyo invade la cabina.

Saco una historia: una pasajera, cuarentona, pidió pausa ‘técnica’ en una cala privada. Miedo a la noche, me pidió acompañarla. Se bajó las bragas, meó delante, coño peludo expuesto, chorro caliente… No hice nada, me quedé tiesa de deseo. Ellos se ríen, excitados. Él: —¡Qué puta! ¿Tú lo harías, cariño?

—Delante tuyo, sí… Con una desconocida como ella, quién sabe… —Me guiña, se abre más piernas, tanga húmeda ya visible. Huelo su excitación mezclada con champán.

Llegamos a la cala secreta, anclo. Ella: —Joder, tengo ganas de mear… Dos horas de charla cachonda, no aguanto. —Él: —¿Quieres que te acompañe? O ¿ella?

Salimos a cubierta privada, tras bambúes. Olor a mar y jazmín. Ella sube vestido lento, duda: —Los woods son oscuros… Quédate, porfi. —Baja tanga de encaje, coño rasurado brillando, labios hinchados. Se agacha, abre piernas: chorro sale, caliente por su muslo, gime. Dedos en rajita, aparta para mostrarme todo, vulva jugosa expulsando pis dorado.

El clímax crudo y el secreto compartido

Me acerco, toco muslos mojados. —Estás empapada, puta… —La beso, lengua salada. Se gira, culazo en pompa, robe alta. Lamo raie: pis ácido, coño dulce, le chupo ano y labios. Gime: —Sí, lame mi culo sucio…

Vuelve al barco, él abre ventanilla: —¿Qué, amor? ¿Te limpió?

—Quiere follarme… ¿Sí? —Él asiente, besa su boca. Yo tras ella, culazo ofrecido. Él abre nalgas: —Mira su coño chorreante, fóllatela.

Saco condón de guantera náutica, polla dura como hierro. La clavo de un golpe, coño apretado tragándomela. —¡Puta meona, esto querías! —Embisto brutal, cachetes rojos, ella grita: —¡Más fuerte, joder mi chochito!

Él susurra: —Córrete, mi vida, grita con su polla gorda. —Ella tiembla, coño aprieta, chorro de squirt moja cubierta. Sigo machacando, semen sale en espasmos, lleno el condón.

Ella se arrodilla, me chupa polla limpia, lengua en glande. Él: —Buena chica, lame su corrida.

Volvemos dentro, ella piernas abiertas, coño abierto en retrovisor. Le devuelvo tanga: —Guárdala, aún ardo. —Champán nuevo, reímos como nada. La amiga en Formentera esperará. Nuestro secreto VIP, adrenalina pura. Odio el cuero piel, sabor a sexo en boca… Volvería ya.

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