Uf, acabo de salir de esa suite en el hotel más top de Marbella. Todo huele a cuero nuevo y champán Dom Pérignon. La rubia, Laura, llegó con su marido para cenar en el restaurante VIP. Él, un pez gordo del mundo financiero, me contrató para un retrato privado. Blonde, curvas perfectas, un poco recatada… pero con ojos que piden guerra.
Nos quedamos solas en la suite presidencial después de firmar los contratos sobre la mesa de mármol. ‘Siéntate aquí, más cerca’, le digo, mientras abro el champán. Burbujas frías en la lengua, el vestido de seda rozando sus muslos. Le pido que pose para el retrato. ‘Quítate el vestido, amor. Tu marido quiere algo especial’. Obedece sin pestañear. Sus tetas altas, pezones rosados endureciéndose al aire acondicionado. Huele a su perfume caro, vainilla y algo más… excitante.
Tensión en el paraíso exclusivo
La maquillo yo misma. ‘Cierra los ojos’. Mi muslo contra el suyo, abriéndole las piernas un poco más. Labios rojos gruesos, pintados lento, mi aliento en su cuello. ‘Qué boca tan puta tienes’. Sus ojos azules me clavan, respira rápido. La pongo a cuatro patas en el sofá de cuero. ‘Más abierta, camárate’. Le pellizco los pezones, duros como piedras. Bajo la mano, toco sus labios del coño, jugosos. Ella tiembla, pero no dice ni mu.
El espacio se cierra. Puertas con llave, vistas al mar desde la terraza privada. ‘Es para Judith, mi socia. Quiere fotos’. Clic, su coño expuesto, pelos rubios finos. Le rasuro el monte de Venus con espuma fría. ‘No te muevas, guapa’. Ras, ras, su piel lisita ahora, clítoris asomando. La meto en la ducha de lluvia, agua caliente entre las piernas, mis dedos limpiando… probando su sabor salado.
Explosión de placer prohibido
En la cama king size, sábanas de hilo 1000, le echo crema fría del frigo. ‘Abre las piernas’. Manoseo su coño depilado, círculos lentos en el clítoris hinchado. ‘Mmm, estás empapada’. Gime bajito. Dos dedos dentro, chorreando jugos. Le doblo las rodillas al pecho, lamiendo su ano apretado. ‘Qué culito tan rico’. Mi lengua en su coño, chupando fuerte el clítoris, follando con la boca. Ella arquea la espalda, ‘¡Dios, Val!’. La corro con los dedos, tres adentro, bombeando duro. Chorrea, grita, orgasmo brutal, piernas temblando.
‘¡Joder, qué polla invisible te has metido!’, jadea. Yo en llamas, pero prometí a Judith no comérmela entera hoy. Le clavo un beso con lengua, saboreando su propia leche en mi boca.
Se viste rápido, falda ajustada sin bragas. ‘No te irrites el coño fresco’. Le subo las medias de seda, dedos rozando su raja húmeda. ‘Nuestro secreto, ¿eh?’. La acompaño a la puerta, mano en su culo. Su marido espera abajo, ajeno. Ella sonríe, mejillas rojas, tetas aún tiesas bajo la blusa. ‘Te llamo para el retrato final’. Puerta cierra. Yo me corro sola recordando su coño abierto, el lujo de este poder.