Acabo de bajar del jet privado en Ibiza. Mi nombre es Isabella, 52 años, vida de privilegios. Heredé una fortuna y ahora floto entre yates y clubs exclusivos. Conocí a Camila y Basilio en un evento VIP. Ella, 43, alta, delgada pero con curvas perfectas: pechos peras pequeños, piernas eternas, ojos grandes en rostro ovalado. Cabello en coleta, siempre en vestidos cortos que dejan ver piel bronceada. Él, mismo edad, corpulento, empresario de paisajismo de lujo para villas millonarias. Su empresa nueva, contratos por todos lados, pero caos administrativo.
Los invité a mi yate privado, anclado en cala secreta. ‘Venid, os ayudo con esos papeles’, les dije. El salón principal huele a cuero italiano nuevo, champán Dom Pérignon en cubitera de cristal. Nos sentamos en sofás de piel suave, yo en sillón frente a ellos. Camila lleva vestido rojo ligero con lunares, escote generoso. Cuando se inclina por canapés, veo los sostenes de seda blanca apretando tetas firmes, temblorosas. Uff…
El lujo del yate y la tensión entre contratos
Basilio explica sus contratos: facturas revueltas, deudas. Río: ‘Esto no es un despacho, es arte abstracto’. Paso horas ordenando, instalando software. Camila trae café, ojos brillantes. Hablamos de política, viajes… cosas que él ignora. Sus piernas rozan las mías bajo la mesa de caoba. Miradas. Sudor en mi nuca. Olor a su perfume caro, vainilla y jazmín.
Días después, piscina infinita del yate. Ella en bikini azul ceñido, tetas perfectas. Basilio se va por un ‘asunto’. Agua tibia, punch fuerte. ‘Eres sensual, Camila’, digo. ‘Me pones cachonda’. Ríe: ‘¿En serio? ¿Te mojo la polla?’. ‘Comprueba’. Le cojo la mano, la meto en mi bikini. Mi coño palpita, húmedo. Froto mi clítoris en su palma. ‘Joder, Isabella…’.
Pero la noche clave: cena VIP en cubierta privada. Champán burbujeante, salado en lengua. Vestido negro de seda en Camila, breteles fucsia asomando. Apéros fluyen, risas. ‘¿Amarillo o turquesa?’, pregunto por sus bragas. ‘Adivina o castigo’. En cocina del yate, manos en agua, levanto su falda. Culito en tanga turquesa, seda suave. Beso su cuello: ‘Huele a deseo’. Suspiro: ‘Basilio…’. Él entra: ‘Comparte, amigo. Es Nochevieja en yate’.
El clímax brutal y el regreso a las apariencias
El espacio se cierra: puerta al salón VIP. Luces tenues, música lenta. Camila baila pegada, mano en mi nuca, labios en cuello. ‘Basilio, ¡está empalmada! ¿Puedo besarla?’. ‘Sí, amor. Nuestra fiesta’. Lengua en mi boca, aprieta mi polla dura bajo pantalón. Se sienta entre nosotros, en sofá cuir. ‘Me gustáis los dos. ¿Vivimos a tres?’. Basilio: ‘Prueba, con cuidado. Ante mí primero’.
Desabrocho su vestido. Tetas en encaje turquesa, pezones duros. ‘Verifica abajo’, dice. Mano en muslo, subo falda. Coño mojado, labios hinchados. La acaricio por encima: ‘Joder, chorreando’. Baja braga, ofrece coño rosado, abierto. Lamo clítoris, hinchado, salado. Dedos dentro, dos, rápido. Gime: ‘¡Sí, fóllame con lengua!’. Basilio la besa, ella le saca polla gorda, la menea.
Orgasma la parte: tiembla, chorrea en mi boca. Se sube a Basilio, empala coño en su verga: ‘¡Aaaah!’. Yo beso tetas, chupo pezones. Él eyacula: ‘¡Ludo, a ti!’. Camila me monta, coño apretado traga mi polla entera. ‘¡Fóllame fuerte!’. Embisto, bolas golpean culo. Manos en tetas, pellizco pezones. ‘¡Más, joder, rómpeme el coño!’. Cambio: perra, Basilio en boca. Polla suya dura, yo en coño resbaladizo. ‘¡Me corro!’. Semen caliente inunda, ella grita orgasmo, clítoris frotado.
Agotados, champán. ‘Brindis por nosotros’. Vestidos, risas. Como si nada. Secreto élite: volveremos. Mañana, contratos listos. Vida sigue, con guiños.