Querida amiga, no podía esperar más para contártelo. Todo pasó ayer en el yate privado de mi amante, anclado frente a Ibiza. Ese mundo de lujo, eh… champán Dom Pérignon helado, el olor a cuero nuevo de los asientos, la brisa salada mezclada con su perfume caro. Estaba allí por él, Serge, mi Serge. Venía de un viaje de negocios en Asia, tres meses sin follar como animales. Le había escrito cartas calientes, fantasías donde yo era su puta exclusiva, su reina en orgías VIP. Las llevaba en un sobre negro de Hermès para que me las devolviera firmadas.
Llego temprano al lounge VIP de la cubierta superior. Mesas de mármol, vistas al mar turquesa, contratos y dossiers de millonarios por todas partes. Pido un champagne, sorbo el burbujeo ácido en mi lengua, dulce como un coño mojado. Serge llama: “Cariño, retraso en el jet. No llego”. Joder, cabreada. Trago una ensalada ligera y me voy, olvidando el sobre en la mesa. Lo noto ya cerca del puerto. Vuelvo corriendo en el tender.
La tensión sube en la terraza VIP del yate
El lounge está petado ahora, ejecutivos con sus trajes Armani, risas falsas. Mi mesa: una mujer en negro total, delgada, pálida como la muerte. Ojos enormes, hundidos, labios rojos sangrantes. Hojea mis cartas, las fantasías de Serge. Me acerco furiosa. “Eso es mío”. Salta, tiembla. “Perdón… buscaba el nombre para devolverlo”. Lágrimas gruesas le caen, mejillas blancas. Me agarra la mano, fría como hielo. “Por favor… siéntate”. Su apretón me eriza la piel. Huele a jazmín y algo oriental, épico, que me marea.
Se llama Elena, viuda reciente. Funeral de su amante esa mañana. Leyó mis cartas, le recordaron su polla dura, sus folladas locas. Llora, voz grave, suave como miel. “No puedo irme a casa así…”. Vivo en la suite privada del yate, abajo. “Ven, descansa”. En la terraza VIP, tensiones suben. Champán en copas de cristal, burbujas danzando. Nuestros ojos se clavan, por encima de los dossiers que apartamos. Sus pechos suben rápido bajo la seda negra. Yo siento mi coño palpitar, húmedo ya. “Eres… tan fuerte”, susurra. Mi mano roza la suya. Olor a cuero caliente, sal marina. El espacio VIP se cierra, solo nosotras. Bajamos a la suite, puerta corredera al mar.
Adentro, lujo puro: cama king con sábanas de hilo 1000, luces tenues. Le sirvo Chartreuse verde, amarga y dulce como prometió. “Sí… por favor”. Bebemos, sus ojos me follan. Me acerco, su cabeza en mis manos. Cabello negro sedoso, huelo su aroma especiado. Lágrimas saladas en mi pañuelo de seda. Sonríe, triste, preciosa. Nos miramos eternamente. Sus labios rojos tiemblan, entreabiertos. Mi coño chorrea, clítoris hinchado. Ella jadea: “Te deseo… joder, no sé qué me pasa”.
El éxtasis brutal en la suite privada
No aguanto. La beso, feroz. Lenguas chocan, saliva dulce de licor. Le arranco el vestido negro, tetas firmes, pezones duros como diamantes. Chupo uno, muerdo suave. Gime: “Sí… mamá…”. Manos en su coño lampiño, mojado como puta en celo. Dedos dentro, tres, bombeo rápido. “¡Fóllame!”, grita. La tiro en la cama, piernas abiertas. Huelo su coño: almizcle salado, excitante. Lengua en su clítoris, chupando duro. Ella arquea: “¡Más, cabrona!”. Le meto la lengua profundo, labios succionando. Chorrea en mi boca, agria y dulce.
Se gira, 69 salvaje. Su lengua en mi coño peludo, lame mi clítoris hinchado. “Estás tan mojada… puta rica”. Dedos en mi culo, dos, mientras chupa. Yo grito, orgasmos me parten. La monto, coño contra coño, frotando clítoris. Sudor, gemidos, cama temblando. “¡Córrete conmigo!”. Explotamos juntas, jugos mezclados, cuerpos convulsionando. Olor a sexo puro, pieles pegajosas.
Después, silencio. Nos vestimos, peinamos. Champagne otra vez, como nada. “Gracias… secreto nuestro”, dice con sonrisa elite. Nos estrechamos la mano en la puerta, miradas cómplices. Ella baja al tender, yo vuelvo al lounge. Etiqueta perfecta, apariencias intactas. Pero mi coño aún palpita con su sabor. Mañana busco su tumba en mi mente, pero este secreto VIP nos une para siempre. Besos, tu maja desnuda.