You are currently viewing Mi verano de sumisión en el yate privado de mi amo

Mi verano de sumisión en el yate privado de mi amo

Ay, chicas, acabo de bajar del yate de Carlos, ese magnate que me contrató para el verano. Dos meses de puro lujo en el Mediterráneo, pero con un twist… soy su puta personal. Todo empezó ayer, lunes, en su yate privado, el ‘Aurora’, anclado frente a Ibiza. El sol pegaba fuerte, olor a sal y cuero nuevo de los asientos del salón principal. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que picaban en la lengua.

Nos sentamos en la mesa de caoba, dossiers abiertos. El contrato oficial: secretaria a SMIC, todo legal. Pero el otro… uf, el íntimo. ‘Obediencia total, Jeanita –me llama así, juguetón–, a mí y a quien yo diga. Castigos si fallas’. Firmamos, miradas que queman. Sus ojos grises me clavan, yo siento el calor subiendo por el coño. ‘Desnúdate ya’, ordena. Le entrego bolso, ropa, móvil. Nada mío. Solo su collar de cuero negro, ancho, con placa plateada: ‘Jeanita’. El clic al cerrarse… humillación deliciosa, piel erizada.

El yate de lujo y la firma que lo cambió todo

‘La desnudez es tu estado natural aquí’, dice, voz ronca. El yate se vacía de tripulación –solo entran con su OK–. Espacio VIP ahora privado, solo nosotros. Me manda teclear artículos para su revista, en el despacho con vistas al mar. Nuca expuesta, pezones duros rozando aire acondicionado. Sudor frío en la espalda. Cocino, limpio desnuda, coño húmedo sabiendo que me vigila. Miedo y ganas mezclados.

Vuelve a las ocho, malhumorado. Whisky con hielo, cena servida en bandeja de plata. ‘¿Terminaste?’, pregunta. Quince fallos en las hojas. ‘Quince azotes, puta. Posición’. Me inclino sobre la mesa de mármol, culo en pompa, piernas abiertas. El aire fresco besa mi raja. Saca el martinete de cuero italiano, lomos oscuros por el uso. Primer golpe: siseo, quema como fuego. ‘¡Uno!’. Cuento gimiendo, diez tiras mordiendo carne, marcas rojas brotando, moradas en los extremos. Culo ardiendo, palpitando, verga mía goteando entre muslos. Duele tanto… pero mi clítoris late.

La follada salvaje y el regreso a la élite

No me deja levantarme. ‘Ahora te follo el culo, está caliente perfecto’. En el espejo del salón, lo veo bajarse el pantalón Versace, sacar su polla gorda, venosa, cabeza brillante de pre-semen. Yo, cara pálida, boca abierta, ofreciendo mi ano rosado, untado de aceite caro. Me agarra caderas, empuja. ‘Relájate, zorra’. Resiste el esfínter… ¡zas!, entra de golpe. Grito, quemazón brutal, como puñal al rojo. Él gime: ‘Joder, qué prieto’. Pausa, toda su verga dentro, vientre contra mis nalgas marcadas. Huelo su sudor mezclado con colonia cara.

Empieza lento, saca, mete profundo. Plaf, plaf, piel contra piel. Acelera, salvaje. ‘¡Toma, puta sumisa!’. Me revienta el culo, polla hurgando vísceras, bolas golpeando coño. Yo jadeo, ‘Sí, amo, fóllame más’, extática. Imágenes en mente: su glande abriendo mi ano fruncido, túnel caliente tragándolo. Sudor chorrea, mesa cruje. Mi coño chorrea jugos, pero él solo quiere mi culo. Grita, se clava, eyacula fuerte: chorros calientes azotando intestinos. Cinco, seis jetas potentes, me llena. Se vacía gruñendo, uñas clavadas en mi piel.

Se sale, semen chorreando por muslos, olor a macho y sexo. ‘Límpiala’. Arrodillo, lengua en su pija flácida, gusto salado-amargo, glutinoso. Trago todo, esclava fiel. Limpio el suelo con lengua, él ríe. ‘Buena chica. Ahora cena fría y a dormir en cubierta’. Se viste impecable, como si nada. Yo, culo en llamas, secreto elite grabado en carne. Mañana más… este verano será inolvidable.

Leave a Reply