Acabo de salir de esa clínica exclusiva en Ibiza, el vientre vacío pero el alma revuelta. Embarazada de una noche loca con un tiburón de los negocios, y decidí no seguir. Subo al yate privado de Javier, mi contacto para un contrato millonario. Él lo sabe todo, me lo sonsacó en la llamada. El aire huele a sal y cuero nuevo, el sol besa la cubierta de teca. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que pinchan la lengua.
Nos sentamos en la sala VIP, dossiers abiertos sobre la mesa de caoba. Él, con su traje a medida, ojos oscuros que me desnudan. ‘Verónica, firma aquí’, dice, voz grave, mientras su rodilla roza la mía bajo la mesa. Dudo, el bolígrafo tiembla. ‘No sé si puedo… esta mierda me tiene jodida’, murmuro. Él sonríe, mano en mi muslo, calor sube. ‘Déjame ayudarte a olvidar’. Miradas que queman, el contrato pasa a segundo plano. Huele a su colonia cara, madera y deseo.
El lujo que enciende la chispa
‘Vamos abajo’, susurra, y el yate vira a mar abierto. La puerta de la cabina se cierra, clic metálico. Espacio privado, luces tenues, sábanas de seda negra. Me empuja contra la pared, labios en mi cuello. ‘Quiero follarte hasta que grites’, gruñe. Le arranco la camisa, botones saltan. Su polla ya dura contra mi falda. ‘Sí, joder, dame esa verga gruesa’, gimo, manos en su bragueta.
Me tira en la cama, falda arriba, tanga a un lado. Dedos en mi coño empapado, ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Chupo su polla, venosa, salada, hasta la garganta. Él me agarra el pelo, folla mi boca: ‘Traga, zorra’. Me pone a cuatro, azota mi culo, piel arde. Entra de golpe, polla enorme partiéndome, ‘¡Qué coño tan apretado!’. Bombe a salvaje, huevos chocan, sudor gotea. ‘Fóllame más duro, cabrón’, grito, uñas en sábanas. Cambia, me monta, tetas rebotan, muerde pezones. ‘Me corro, joder’, jadea, y me llena de leche caliente, chorros en mi útero vacío.
El fuego desatado en la cabina privada
Yo exploto después, coño contrayéndose en su verga, orgasmos múltiples, piernas temblando. Gimo como loca, ‘¡Sí, mi rey, dame todo!’. Sudor, semen, olor a sexo crudo en la seda.
Minutos después, ducha rápida, agua caliente lava el desastre. Volvemos arriba, contratos firmados como si nada. Champagne otra vez, sonrisas cómplices. ‘Buen negocio, Verónica’, dice él, guiño. Yo asiento, piernas aún flojas. Secreto élite: follada brutal en yate de lujo. Nadie sabrá, pero mi coño late recordándolo. Adiós, Javier, hasta la próxima firma.