Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate impresionante en Ibiza. El cuero de los asientos olía a rico, a poder puro, mezclado con el salitre del mar. Estaba allí por un contrato gordo, negociando con Bruno, ese millonario que parece salido de una peli. Vestido de seda negra ceñida a mi piel, tacones que resonaban en la cubierta, y él, con su traje impecable, ojos que me devoraban mientras hojeábamos los dossiers. ‘Firma aquí, preciosa’, me dice, rozando mi mano. Uff, el champagne burbujeaba en mi copa, frío y dulce, pero el calor subía entre nosotros. Nuestras miradas se cruzaban, largas, intensas. ‘¿Segura de que quieres esto?’, murmura, y yo, mordiéndome el labio, ‘¿Y tú?’. Los guardaespaldas se fueron discretos, la cubierta se vació. Solo quedamos él y yo en esa suite VIP flotante, con vistas al atardecer eterno. Cerró la puerta de cristal, el clic fue como un disparo. Su mano en mi cintura, piel contra seda, ‘Quítate eso, quiero verte’. Dudé un segundo, eh… pero el vértigo del lujo me encendió.
De repente, me empuja contra el sofá de cuero, suave y cálido bajo mi culo desnudo. ‘Abre las piernas, puta mía’, gruñe, y yo, temblando de adrenalina, obedezco. Su lengua ataca mi coño sin piedad, lamiendo despacio al principio, saboreando mis jugos que chorrean. ‘Joder, qué rica estás, toda depiladita y mojada’. Gimo, ‘¡Sí, no pares, lame más fuerte!’. Me come entero, chupando mi clítoris hinchado, metiendo dos dedos gruesos que me follan adentro, chapoteando. Huelo su colonia cara, siento su barba rozándome los muslos. Me corro como loca, arqueándome, ‘¡Me vengo, hostia, aaaah!’. No para, me gira, me pone a cuatro patas. ‘Ahora chúpame la polla, zorra’. Sacó esa verga enorme, venosa, goteando precum. La agarro, dura como hierro, y la meto en mi boca, mamándola hondo, garganta hasta el fondo. ‘Eso es, trágatela toda’. Le calzo las bolas, lamiendo el rabo, mientras él me agarra el pelo. Me folla la boca brutal, salivazos por todos lados. Luego, me monta, polla clavándose en mi coño chorreante. ‘¡Fóllame duro, dame caña!’, grito. Embiste como animal, pellizcándome los pezones, azotándome el culo rojo. ‘Tu coño aprieta como puta virgen’. Me corro otra vez, él gruñe, ‘Me voy a correr dentro’. Jets calientes de leche me llenan, desbordando, pegajosa por mis muslos. Sudor, gemidos, el yate meciéndose con nosotros.
La tensión en la cubierta privada
Uf, jadeando, nos separamos. Él se sube los pantalones, yo me pongo la seda arrugada, peino mi melena revuelta. ‘Contrato firmado, ¿no?’, dice con sonrisa pícara, sirviendo más champagne como si nada. Brindamos, ‘Por los negocios’, yo guiño, sabiendo nuestro secreto elite. Los guardaespaldas vuelven, todo normal, pero bajo la mesa, su pie roza mi tobillo. Ese poder, esa exclusividad… me tiene enganchada. Quiero más.