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Mi primera follada con ella en el yate privado

Ay, chicas, aún huelo el cuero caro de esos asientos en el yate de mi socio. Magali, mi crush del insti, me escribió por Insta después de años. Ahora es una ejecutiva top, con curvas que matan. Nos citamos en su yate privado frente a Ibiza, para ‘revisar contratos’. Ja, qué excusa.

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El sol se ponía, champán Dom Pérignon en copas frías, burbujas picando en la lengua. Vestida con un vestido de seda negro que se pegaba a mis tetas, ella en un body rojo que asomaba por su escote. Sentadas en la zona VIP, piernas rozándose ‘sin querer’. Pasábamos páginas de dossiers: cifras millonarias, fusiones. Pero sus ojos… Dios, me comían. ‘¿Ves este gráfico?’, decía, inclinándose, su perfume de vainilla invadiendo todo. Mi coño ya palpitaba.

La tensión sube en la cubierta VIP

‘Esto nos va a hacer ricas’, murmuró, su mano en mi muslo. Dudé, ‘Magali, ¿y si alguien ve?’. ‘Shh, esta zona es solo nuestra’. El yate zumbaba suave, olas lamiendo el casco. Bebí un sorbo, el champán dulce bajando por mi garganta. Sus dedos subieron, rozando mi tanga. ‘Quiero saber cómo sabes ahora’, susurró. El corazón me latía fuerte. ‘Vamos abajo’, dije, tirando de su mano. La puerta de la cabina se cerró con clic. Espacio privado. Luxe total: cama king con sábanas de hilo egipcio, luces tenues.

La empujé contra la pared forrada de madera noble. Nuestros labios chocaron, salvajes. ‘Joder, te he deseado tanto’, gemí. Le arranqué el body, tetas perfectas saltando libres. Pezones duros como diamantes. Chupé uno, mordí suave. Ella jadeó, ‘Sí, así…’. Sus manos en mi culo, apretando. Bajé mi vestido, quedé en tanga. ‘Quítamela’, ordené. Obedeció, oliendo mi humedad. ‘Estás empapada, puta’. Me arrodillé, abrí sus piernas. Su coño depilado, hinchado, jugoso. Lamí desde el clítoris, sabor salado y dulce. ‘¡Oh, mierda! Lame más fuerte’, gritó, enredando dedos en mi pelo.

El clímax en la cabina privada y el regreso elegante

Metí dos dedos, curvándolos dentro, tocando su punto G. Ella se retorcía, ‘¡Voy a correrme!’. Chorros calientes en mi boca cuando explotó, piernas temblando. No paré, la puse a cuatro en la cama. ‘Ahora fóllame con la lengua’, suplicó. La devoré, culo en pompa, oliendo su sudor mezclado con colonia cara. Mi polla… espera, no, pero soñé con una correa. Nah, puro dedo y lengua. Luego ella me tiró en la cama, ‘Mi turno’. Abrió mis labios, lengua en mi clítoris, chupando como loca. ‘¡Joder, sí! No pares’. Dos dedos en mi coño, bombeando. Grité, orgasmo brutal, arqueándome.

Pero queríamos más. Sacó un vibrador del cajón secreto, negro y grueso. ‘Entra en mí’, rogué. Lo encendió, lo hundió lento. Zumbido contra mi pared, placer eléctrico. La follé con él mientras le metía tres dedos. ‘¡Córrete conmigo!’, aulló. Ambas explotamos, jugos por todas partes, sábanas empapadas.

Minutos después, ducha rápida, agua caliente lavando pecados. Nos vestimos: yo con el vestido impecable, ella radiante. Subimos a cubierta, copas en mano. ‘¿Todo bien con los contratos?’, preguntó el capitán, ajeno. Sonrisas cómplices. Bailamos bajo estrellas, cuerpos rozando sutil. Nuestro secreto élite, ese fuego VIP. Aún siento su mirada prometiendo más. ¿Quién dijo que el poder no excita?

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