Acababa de volver de unas vacaciones locas en Ibiza, con mi amor Alex. Nada de tiendas de campaña, no, esta vez nos recogió el yate privado de Víctor, un magnate que nos invitó por negocios. El sol pegaba fuerte en el Mediterráneo, el aire olía a sal y cuero caro de los asientos. Vestida con un bikini diminuto de seda roja, sin bragas debajo, claro, y un pareo transparente que dejaba ver todo. Alex y yo en la sala VIP, revisando contratos con Víctor, pero las miradas… uf, quemaban.
Víctor, con su traje impecable, no paraba de mirarme las tetas, que se marcaban sin sujetador. ‘Sofía, firmas aquí?’, me decía, pero sus ojos bajaban a mis muslos. Alex sonreía, pícaro, sabiendo que me ponía cachonda esa adrenalina del poder. El champagne burbujeaba en las copas, frío y dulce en la lengua. ‘Mmm, Víctor, estos términos son… excitantes’, le solté, cruzando las piernas despacio, dejando que el pareo se abriera un poco. Sentía el calor entre mis piernas, mi coño ya húmedo.
El lujo del yate y la tensión que sube
De repente, Víctor tuvo que subir a cubierta por una llamada. ‘Quedaos aquí, es vuestro espacio privado ahora’. La puerta se cerró, clic del lujo. Solo nosotros, el zumbido suave del motor, olor a madera pulida y mi excitación. Alex me miró, ojos brillantes. ‘Chica mala, le has puesto burro’. Reí, bajito. ‘Y a ti también’. Me acerqué, besos salados de mar, manos en su polla dura bajo los pantalones. Pero… vi el intercomunicador, el canal privado con el capitán. ‘¿Y si jugamos?’, susurré. Alex asintió, malicioso.
Pulsé el botón. ‘Capitán, ¿me oyes? Soy Sofía, la del bikini rojo’. Silencio, luego su voz grave: ‘Sí, señora, ¿todo bien?’. ‘Perfecto, pero… mira por la cámara interna’. Me subí al sofá de cuero, abrí las piernas, pareo arriba. Mi coño depilado, labios hinchados, brillando. ‘¿Ves esto, capitán? Sin bragas, mojada para ti’. Jadeo al otro lado. ‘Joder, señora…’. Alex se bajó los pantalones, su polla gorda saltando, venas marcadas, prepucio atrás mostrando el glande rojo.
El polvo brutal y sin filtros
Me tiré de rodillas, cuero frío en las rodillas, olor a su piel masculina mezclada con colonia cara. ‘Capitán, mira cómo chupo a mi hombre’. Lamí el glande, salado, pre-semen en la lengua. ‘Mmm, qué rica tu polla, Alex’. Grité al intercom: ‘¿Te gusta, capitán? Mi boca llena de verga’. Él gruñía: ‘Hostia, sí, qué puta… perdón, señora’. Reí, chupando hondo, garganta apretando, babas cayendo. Alex gemía, manos en mi pelo. ‘Sofía, joder, trágatela toda’. Metí dedos en mi coño, chapoteo audible. ‘Capitán, mi clítoris palpita, métete conmigo en la cabeza’.
Aceleré, lengua girando en las bolas lisas, pesadas. ‘¡Cógeme la polla, zorra!’, Alex empujaba. El capitán: ‘Me estoy pajeteando, señora, tu coño es perfecto’. Gemí fuerte en el micro, vibraciones en la polla. Alex explotó: ‘¡Me corro!’. Chorros calientes, leche espesa llenándome la boca, tragué la primera, el resto en la lengua, mostrándola a la cámara. ‘Mira, capitán, tu turno’. Él rugió: ‘¡Leche por todos lados!’. Yo limpiaba la polla de Alex, sorbiendo restos, coño chorreando.
Solté el botón, risas nerviosas. Alex me besó, sabor a semen compartido. ‘Eres una diosa’. Nos arreglamos rápido, pareo abajo, bikini ajustado. Víctor volvió, copa en mano. ‘¿Todo bien?’. Sonrisas inocentes. ‘Perfecto, contratos firmados’. Brindamos, champagne fresco, como si nada. Pero el capitán nos guiñó ojo al bajar. Secreto elite, nuestro. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo. Aún siento el cuero en las rodillas, el sabor… uf.