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Follada Brutal en el Jet Privado: Mi Secreto con Adrien

Estábamos en mi jet privado, volando a 10.000 metros sobre el Mediterráneo. El cuero de los asientos olía a nuevo, mezclado con el aroma sutil del champagne Dom Pérignon que burbujeaba en las copas de cristal. Adrien, ese cabrón francés tan pausado, estaba reclinado en su sillón amplio, con los pies descalzos sobre la mesa baja. Dos pies quietos, como siempre. Llevaba un traje Brioni impecable, pero desabrochado, dejando ver su pecho peludo. Yo, Carmen, española de fuego, sentada frente a él con mis piernas cruzadas, falda de seda negra subiendo por los muslos.

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Los dossiers de contratos millonarios estaban esparcidos entre nosotros. Inversiones en yates, hoteles exclusivos. Pero mis ojos no paraban en las cifras. Lo miraba fijo, mordiéndome el labio. Él, con esa lentitud suya, pasaba las páginas sin prisa. ‘¿Ves este deal, cariño?’, murmuró, voz grave, como si el mundo esperara por él. Su mirada se deslizó por mi escote, deteniéndose en mis tetas apretadas bajo la blusa de seda. Sentí un cosquilleo en el coño. El aire acondicionado zumbaba suave, pero el calor subía.

La Tensión que Quema en el Cielo

Me acerqué, rozando su rodilla con la mía. ‘Adrien, joder, muévete ya’, le dije, riendo nerviosa. Él sonrió perezoso, sin inmutarse. Sus dedos rozaron mi mano al pasar una página, electricidad pura. El piloto anunció turbulencias leves, pero para mí era un huracán dentro. Eché un vistazo a la cabina: puerta cerrada, privacidad total en este palacio volador. Me levanté, contoneándome, y me senté en el brazo de su sillón. ‘¿Sabes qué quiero?’, susurré, oliendo su colonia cara, cuero y hombre. Él no se movió, solo alzó una ceja. ‘Dime’. Mi mano bajó a su bragueta, sintiendo la polla ya semi-dura. ‘Quiero que me folles aquí, ahora’.

Sus ojos se oscurecieron. Lentamente, como todo en él, me atrajo por la nuca y me besó. Boca caliente, lengua lenta explorando la mía, sabor a champagne y deseo. Sus manos grandes subieron por mi falda, rasgando las medias con un dedo. ‘Eres impaciente, puta’, gruñó contra mi cuello. Gemí, arqueándome. El jet tembló levemente, pero era él quien me hacía vibrar. Le bajé los pantalones, liberando esa polla gruesa, venosa, palpitante. Dios, qué pedazo de verga. La apreté, masturbándola despacio mientras él me chupaba las tetas, mordiendo los pezones duros.

El Orgasmo que Nos Une en Secreto

Me puse a cuatro patas sobre la mesa, dossiers volando al suelo. ‘Fóllame fuerte, Adrien, no me hagas esperar’. Él se colocó detrás, escupiendo en mi coño ya chorreante. Su polla entró de un golpe, rompiéndome en dos. ‘Joder, qué coño apretado’, jadeó, agarrándome las caderas. Embestía lento al principio, cada centímetro frotando mis paredes, pero yo lo urgía: ‘Más rápido, cabrón’. Aceleró, polla golpeando mi culo, bolas chocando contra mi clítoris. Sudor, olor a sexo crudo mezclándose con el cuero. Me corrí primero, gritando, coño contrayéndose alrededor de su verga. Él no paró, follándome como un animal, dedos en mi culo, abriéndome. ‘Te voy a llenar, zorra’. Otro orgasmo me partió, piernas temblando.

Se corrió dentro, leche caliente inundándome, gimiendo mi nombre. Nos quedamos jadeando, su polla aún dura pulsando. Se retiró despacio, semen goteando por mis muslos. Limpieza rápida con toallitas de seda, champagne para enjuagar el sabor. Vuelta a los asientos, trajes perfectos, dossiers recogidos. ‘Firma aquí’, dijo él, voz calmada, como si nada. Sonreí, piernas flojas bajo la mesa. Nuestro secreto de élite, ese polvo a 10.000 metros. El piloto anunció aterrizaje en Ibiza. Bajamos del jet, él con sus dos pies tranquilos, yo con el coño latiendo aún. Nadie lo sabría. Solo nosotros, en este mundo de lujo y vicio.

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