Ay, chicas, aún huelo el cuero caro de esos asientos en el yate. Fue hace dos noches, en Ibiza, en ese club exclusivo donde solo entran los que valen millones. Yo, Sofia, 32 años, ejecutiva en moda, con mi vestido negro de seda que se pega a mis curvas, tetas firmes asomando. Tomaba champán Dom Pérignon, burbujas frías en la lengua, cuando lo vi: Pablo, 45 tacos, 1,85, cuerpo de nadador, traje a medida. A su lado, su socia Claire, rubia explosiva, culo redondo, pechos 95D que pedían ser tocados.
Nos miramos. Él revisaba contratos en su iPad, yo fingía interés en el negocio. ‘¿Quieres unirte a la charla?’, me dijo con voz grave, ojos clavados en mis labios. Me acerqué, el aire cargado, olor a sal marina y colonia cara. Claire sonrió pícara, ‘Siéntate, guapa, hablemos de exclusividad’. La mesa de mármol frío bajo mis manos, sus miradas me ponían la piel de gallina. Firmamos un deal rápido, pero la tensión… uf, mis bragas ya húmedas. ‘Vamos a mi yate, es privado’, soltó Pablo. El club VIP se volvió nuestro mundo.
La tensión en la cubierta VIP
En la cubierta, viento caliente, luces tenues. Champán otra vez, yo entre ellos. Pablo me rozó la pierna, Claire susurró: ‘Nos gustas, Sofia. ¿Te atreves?’. Dudé un segundo, corazón latiendo fuerte. ‘Sí… joder, sí’. Bajamos a la cabina principal, puerta cerrada, lujo puro: cama king size con sábanas de hilo egipcio, jacuzzi humeante. Se quitaron la ropa despacio. Pablo, polla gruesa ya medio dura, venas marcadas. Claire, coño depilado, pezones rosados duros.
Me lancé. Besé a Pablo, lengua dentro, saboreando whisky en su boca. Claire me bajó el vestido, lamió mis tetas: ‘Qué ricas, puta’. Yo gemí, manos en la polla de él, dura como piedra, 20 cm fáciles. ‘Chúpamela’, gruñó Pablo. Me arrodillé en la alfombra persa, olor a cuero y sexo. Lamí la punta, salada, tragué hasta la garganta, bolas pesadas en mi mano. Claire se masturbaba viéndome: ‘Más profundo, zorra’. Él me folló la boca, empujando, babeando.
El clímax brutal en la cabina privada
Claire me tiró a la cama, abrió mis piernas: ‘Tu coño brilla’. Me lamió el clítoris, lengua experta, dedos dentro, chorreando. Pablo se puso detrás, escupió en mi culo: ‘Te voy a abrir el ojete’. Empujó despacio, dolor-placer, ‘¡Joder, qué prieto!’. Entró todo, polla quemando. Claire se sentó en mi cara, coño jugoso: ‘Lámeme, puta’. La chupé, sabor dulce, mientras Pablo me taladraba el culo, cachetadas en mis nalgas. Cambiamos: follé a Claire con un strap-on negro que sacó del cajón, Pablo en mi coño, doble penetración. Gemidos everywhere, ‘¡Fóllame más duro!’, sudando, cuerpos pegados.
En el jacuzzi, agua caliente borboteando. Pablo me hizo una garganta profunda bajo el agua, Claire me metió dedos en el culo. Jodimos de pie, él en mi coño, ella lamiendo sus bolas. Eyaculé primero, chorros calientes en su boca. Claire gritó orgasmo, yo vibrando. Pablo se corrió en mi culo, semen goteando.
Al amanecer, secándonos con toallas suaves, risas. ‘Nadie lo sabrá’, dijo Claire, besándome. Vestidos impecables, volvimos al club. Firmamos el contrato final, copas en mano, sonrisas inocentes. Ellos, millonarios intocables; yo, con el culo dolorido pero feliz. Secreto de élite, adrenalina pura. ¿Repetimos? Ay, dios…