Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Fue la semana pasada, en Ibiza. Yo, Carmen, 32 años, morena con curvas que matan, siempre rodeada de lujo. Mi amiga Lola, esa rubia operada que parece de portada, me metió en esto. Divorciada dos veces, puta total, pero con contactos de élite. ‘Ven al yate de Don Javier’, me dijo. ‘Negocios y placer, nena’.
Llegué al muelle al atardecer. El yate era una bestia: 50 metros de puro caviar. Olor a cuero nuevo mezclado con sal marina, champán Dom Pérignon enfriándose en cubiteras de plata. Javier, 50 años, pelo plateado, traje Armani, piel bronceada de tanto jet. Nos recibe con una sonrisa de tiburón. ‘Carmen, qué placer’. Su mirada me desnuda ya.
La tensión en el yate de lujo
En la sala VIP, sofás de piel italiana, vistas al mar rosado. Sobre la mesa baja, contratos. Inversiones en mi galería de arte. ‘Firma aquí’, dice, su dedo rozando el mío. Electricidad. Yo dudo, eh… ‘Es mucho riesgo, Javier’. Él se acerca, su colonia cara invade mi nariz. ‘Confía en mí, preciosa’. Nuestros ojos se clavan. La tensión sube. Lola guiña un ojo desde la barra, pero se esfuma discreta. El espacio se cierra. Puertas correderas al camarote privado. ‘Ven, hablemos en privado’, murmura, su mano en mi cintura. La seda de mi vestido se eriza.
Ya dentro, lujo obsceno: cama king size con sábanas de hilo 1000, luces tenues, vibrador y gel en la mesita. Me empuja suave contra la pared. ‘Sabes que te quiero follar desde que te vi’. Su boca en mi cuello, mordiendo. Le arranco la camisa. Polla dura presionando mis muslos. ‘Joder, Javier…’. Me ata las muñecas a los postes con corbatas de seda. Ciega con su pañuelo. ‘No te muevas, puta mía’.
El clímax brutal y el regreso al lujo
Siento su lengua lamiendo mis tetas, pezones duros como piedras. Baja, rasga mi tanga. ‘Mira cómo chorreas, coño mojado’. Dedos dentro, tres de golpe, me folla la mano. Gimo, ‘¡Sí, más!’. Me abre las piernas, lengua en el clítoris, chupando fuerte. Orgasmos me sacuden, pierno el culo arqueado. ‘Ahora el ano’, gruñe. Gel frío en mi ojete, dedo girando. Duele rico. ‘Relájate, zorra’. Su polla gorda empuja. Entra lento, centímetro a centímetro. ‘¡Joder, qué apretado!’. Me folla el culo salvaje, palmadas en las nalgas. Saco el rosebud de la mesita, él lo mete. ‘Siente cómo palpita’.
Me desata un poco, me pone a cuatro. Polla en la boca, garganta profunda. ‘Trágatela toda’. Sabía a mar y a macho. Preservativo nuevo, me penetra el coño brutal. ‘¡Fóllame fuerte!’. Cambia al culo otra vez, embiste como animal. Juguetes: un dildo enorme vibra en mi coño mientras él me rompe el ojete. Grito, ‘¡Me corro, coño!’. Lechada dentro del condón, él eyacula gimiendo. Yo tiemblo, chorros interminables. Sudor, olor a sexo y cuero.
Minutos después, ducha de oro. Champán de nuevo. Me viste, peina. ‘Nadie sabrá, nuestro secreto élite’. Regresamos a la sala VIP. Contratos firmados. Sonrisas frías, brindis. Lola pregunta inocente, ‘¿Todo bien?’. ‘Perfecto’, digo, piernas flojas. Él me aprieta la mano bajo la mesa. Adrenalina pura. Ahora, cada noche sueño con su yate. ¿Repetimos? Mmm, pronto.