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Mi Noche Prohibida en el Yate Privado: Regalo de Lujo y Pasión Desenfrenada

Estábamos en el yate de mi marido, anclado en la bahía de Marbella. Todo lujo: cuero italiano en los sofás, champán Dom Pérignon enfriándose, el salitre del mar mezclado con el aroma caro de su colonia. Acabábamos de cerrar contratos millonarios con Enrique, el nuevo socio. Papeles por aquí, firmas por allá… pero las miradas… ay, esas miradas. Alejandro, mi marido, me guiñaba el ojo desde el otro lado de la mesa de caoba. Enrique no paraba de rozar mi rodilla ‘por accidente’ bajo la mesa. Yo, con mi vestido de seda negra ceñido, sentía el calor subiendo.

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—Bueno, ¿y ahora qué? —pregunté, sorbiendo champán, burbujas picando en la lengua—. ¿Seguimos con números o… algo más divertido?

La Tensión que Enciende la Noche VIP

Alejandro sonrió, se recostó en el cuero crujiente. —Es tu cumple, amor. Tú mandas. Enrique, ¿te apuntas?

Enrique tragó saliva, ojos fijos en mi escote. —Si ella quiere…

Puse música latina, reggaetón suave. Empujé la mesa, descalzos sobre la madera pulida. Bailamos. Yo ondulando caderas, frotándome contra Enrique. Sudor perlando mi piel, olor a mar y deseo. Alejandro se sentó, jadeando. —Estoy muerto… seguid vosotros.

—Vale, specta —le dije, guiñando—. Enrique, ¿resistes?

Él asintió, manos en mi cintura. Calor. Demasiado calor. Desabroché mi vestido, lento, dejando ver mis tetas duras, pezones marrones tiesos. Bailamos pegados, su polla ya dura contra mi vientre. Olía a cuero mojado, a sexo inminente.

Cambié a slows. Me pegué a él, tetas desnudas contra su camisa. Sentí su verga crecer, palpitando. Mis manos bajaron, tocando ese bulto. Él gemía bajito. Alejandro nos miraba, excitado, jalándose disimulado.

—Te gusta, ¿verdad? —le pregunté a mi marido.

—Sí… joder, sí.

El Follar Brutal Bajo las Estrellas

Juego: nos desnudamos mutuamente. Le quité la camisa, él mi vestido. Luego pantalón, mi tanga. Quedé en pelotas, coño depilado brillando de jugos. Nos frotamos, su polla en boxer enorme. La saqué: gruesa, venosa, goteando pre-semen. Me arrodillé, olía a macho puro. Lamí el capullo, salado. La chupé honda, garganta llena, bolas pesadas en mi mano. Él me folló la boca, ritmo acelerando. —¡Me corro! —gruñó.

Corrida espesa, caliente, tragando lo que pude, resto chorreando por mi barbilla. Pero su polla siguió tiesa, lista.

Me tumbó en la cubierta, alfombra persa suave. Me comió las tetas, mordiendo pezones. Lengua bajando, rozando mi coño sin entrar. —¡Joder, tócame ya! —supliqué, abriéndome piernas.

Dedos en mi clítoris hinchado, frotando. Luego lengua: lamiendo labios, metiéndose en mi agujero chorreante. Nectar mío en su boca. Grité, corrí fuerte, temblores.

No esperé. Lo tiré sobre mí. Su glande violeta abriendo mi coño empapado. Entró lento, estirándome, llenándome hasta el fondo. Rotación, luego pistoneo brutal. Follando duro, mis tetas botando, piernas alrededor suya. —¡Más profundo, cabrón! —gemí.

Alejandro jadeaba viendo: mi coño tragando esa polla gorda, jugos salpicando. Ritmo feroz, él hinchándose más. Corrió dentro, chorros calientes inundándome, semen goteando al salir.

Quedé jadeante, coño palpitando, semen entre nalgas. Alejandro se acercó, besó mi frente. —Te amo… ¿feliz?

—Comblée total —susurré, sonriendo.

Nos vestimos, champán de nuevo. Contratos guardados, risas como si nada. Secreto nuestro, élite pura. La noche siguió, pero ese fuego… eterno.

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