Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate de ensueño en la Costa Azul. Olía a cuero nuevo y sal marina, con el sol poniéndose como fuego líquido. Yo, vestida de seda italiana que se pegaba a mi piel sudada, negociando contratos millonarios con él, el magnate ese, alto, con ojos que te desnudan. Sus manos rozaban los papeles, y cada vez que me pasaba un dossier… uf, un cosquilleo. ‘Mira esto, Valentina’, me dice con voz grave, su aliento a champagne Dom Pérignon rozándome el cuello. Yo nerviosa, cruzando las piernas bajo la mesa de mármol, sintiendo mi coño humedecerse. Él sonríe, sabe el poder que tiene. ‘Firma aquí’, y su dedo roza el mío. ¡Joder! El calor sube, mis pezones duros contra la blusa. Nos miramos, silencio pesado, el jet privado esperando abajo pero aquí arriba, en la cubierta VIP, solo nosotros y el mar. ‘Ven, hablemos en privado’, murmura, y me lleva a la suite, puerta cerrándose con clic suave. El espacio se hace íntimo, luces tenues, cama king size con sábanas de hilo egipcio.
Ya dentro, no aguanto. Me empuja contra la pared forrada de seda, su boca devora la mía, lengua invasora, gusto a champagne y deseo puro. ‘Te quiero follar ya’, gruñe, arrancándome la blusa. Sus manos grandes aprietan mis tetas, pellizcando pezones hasta que gimo. Le bajo la cremallera, su polla salta dura como hierro, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpala’, ordena, y me arrodillo en la alfombra persa, oliendo su masculinidad. La engullo, profunda, hasta la garganta, babeando, él gimiendo ‘¡Sí, puta rica!’. Me levanta, me tira en la cama, arranca mi tanga de encaje. ‘Mira qué coño mojado’, dice, lamiéndome el clítoris hinchado, dedos metiéndose en mi chocho chorreante. ‘¡Fóllame! ¡Métemela ya!’, suplico, piernas abiertas. Embiste, polla gruesa abriéndome en dos, golpes duros, cama crujiendo. Huele a sexo, sudor y cuero. Me pone a cuatro patas, ‘Ahora el culo’, escupe en mi ojete, empuja lento… ¡ay, duele rico! Entra entero, me folla el culo sin piedad, cachetadas en las nalgas, ‘¡Qué ano apretado, zorra!’. Grito de placer, masturbándome el coño. Cambia agujeros, me fistea la concha, mano hasta el antebrazo, estirándome, orgasmos en cadena. ‘¡Córrete dentro!’, pido, y eyacula chorros calientes en mi útero, luego en mi boca, tragándome todo, pegajoso y salado. Horas así, sudados, él incansable, yo perdida en éxtasis, oliendo a corrida y perfume caro.
La tensión sube en la cubierta VIP
Al amanecer, ducha de mármol con chorros calientes, jabón espumoso lavando pecados. Me viste con cuidado, alisando mi seda arrugada. ‘Nuestros secretos quedan aquí’, susurra, beso suave en la frente. Firma los contratos en cubierta, champagne de nuevo, sonrisas protocolarias. ‘Ha sido un placer, Valentina’, dice formal, ojos cómplices. Bajo al jet privado, piernas temblando, coño y culo palpitando, pero cara de ejecutiva impecable. Ese secreto elite nos une, poder y placer exclusivo. ¿Repetimos? Dios, sí.