Acabo de bajar del jet privado en Ibiza. El yate de Steven brilla bajo el sol, todo acero pulido y madera de teca. Huele a sal marina mezclada con cuero nuevo de los asientos. Steven, el productor de cine para élite, me recibe con una copa de Dom Pérignon helado. Burbujas que pican en la lengua, dulces y frías. ‘Cariño, siéntate’, dice, guiñándome. A su lado, Fabio, el tipo del que me habló. Alto, misterioso, con ojos que queman.
Hablamos contratos. Películas exclusivas para clubs privados, nada de porno barato. Páginas y páginas de cláusulas, firmas en tinta negra. Pero las miradas… ay, las miradas. Steven suelta: ‘Fabio tiene algo especial, dos… ya sabes’. Me río, nerviosa. ‘¿Dos qué?’. Él sonríe: ‘Ver para creer’. El aire se espesa, el sol calienta la piel. Mi vestido de seda roja se pega al cuerpo, sudor fino en el escote. Fabio me mira el culo cuando me inclino por el bolígrafo. ‘¿Quieres verlo?’, pregunta Steven. Asiento, el corazón late fuerte. Bajamos a la cabina VIP, puerta que se cierra con clic metálico. Espacio privado ahora, solo nosotros tres. Luces tenues, cama king size con sábanas de hilo egipcio suaves como piel.
Tensión en la cubierta VIP
Fabio se baja el pantalón. Joder… dos pollas. Una encima de la otra, perfectas, venosas, ya semi-duras. ‘Tócame’, murmura. Mi mano tiembla, piel caliente, pulsan. Huele a hombre, a deseo puro. Steven filma discreto: ‘Para el recuerdo’. Me arrodillo, boca en la de arriba, lengua lamiendo el glande salado. La de abajo roza mi mejilla. ‘Mmm, qué rica’, gime Fabio. Steven se aparta: ‘Es toda tuya, Melissa’. Yo, desnuda ya, seda en el suelo. Pollas duras como hierro, pre-semen brillando.
El clímax doble y prohibido
Me tumbo en la cama, piernas abiertas. Coño mojado, chorreando. ‘Fóllame doble’, suplico. Él se pone encima, la polla superior en mi coño, resbaladiza entra fácil, estirándome. La inferior… contra mi culo. Empujo saliva con dedos, lubri. ‘Despacio… ahhh’. Presiona, ano se abre, duele rico. Ambas dentro. Lleno total, paredes internas rozando. ‘Joder, qué prieta’, gruñe. Empieza a bombear, lento primero. Pollas frotan entre sí dentro de mí, loco. Gimo: ‘Más fuerte… sí, coño’. Sudor gotea, olor a sexo crudo, piel contra piel chapoteando. Manos en mis tetas, pellizca pezones. Acelera, brutal. Coño palpita, culo ardiendo. ‘Me corro… ¡ahhh!’, grito. Él ruge, chorros calientes en ambas, semen rebosando, pegajoso en muslos.
Jadeamos. Minutos después, nos vestimos. Yo con vestido puesto, sonrisa pícara. Steven brinda: ‘Por los secretos de élite’. Champagne otra vez, como si nada. Fabio me besa oreja: ‘Volveremos’. Salimos a cubierta, sol poniente, yate navegando. Nadie sabe. Nuestro pacto VIP, grabado en cámaras privadas. Vida de lujo, placer exclusivo. Aún siento el doble latido dentro.