Estaba en el yate de Júpiter, ese monstruo flotante de lujo puro. El sol se ponía sobre el Mediterráneo, el cuero de los asientos olía a rico, a poder. Burbujas de champán Dom Pérignon en copas de cristal, frías y picantes en la lengua. Yo, la Ministra de Propaganda, con mi vestido de seda roja ceñido, tetas apretadas, coño ya palpitando de la adrenalina. Alrededor, el Primer Ministro, un tío serio pero cachondo; la Ministra de Economía, rubia con labios carnosos; y Júpiter, el presidente, ojos de depredador.
Hablábamos de la peste, eh… 500 muertos al día. ‘Hay que venderlo como estabilidad’, dije yo, lamiendo el borde de la copa. Júpiter me miró fijo, ‘Obligamos máscaras de slips kangourou, relanzamos la economía’. La Ministra de Economía se rió, cruzó las piernas, falda subiendo, mostrando muslo. ‘Mi primo fabrica eso, perfecto’. Tension en el aire, más espesa que el humo de su puro. Diógenes, el cínico invitado, en la esquina con su aire salvaje, barba desaliñada, pero polla marcada en los pantalones ajustados. ‘Dejad de joder al pueblo, cultivad vuestras saladas’, soltó él, voz ronca.
La tensión sube en el yate privado
Regardos cruzados, roces ‘accidentales’. Mi mano en el muslo del Primer Ministro, él jadeó bajito. Júpiter dio un golpe en la mesa, dossiers volaron. ‘Basta. Esta sala es privada ahora’. Cerró la puerta blindada con clic metálico. El yate zumbaba suave, olas chocando. Espacio VIP sellado, solo nosotros, élite intocable.
Júpiter me agarró por la nuca, beso brutal, lengua invasora, sabor a whisky y dominio. ‘Quítate eso’, gruñó. Deslicé el vestido, tetas al aire, pezones duros como diamantes. Él sacó su polla enorme, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpala, puta de lujo’. Me arrodillé en la alfombra persa, cuero crujiendo. La tragué entera, garganta profunda, saliva chorreando. ‘Joder, qué boca’, gimió. La Ministra de Economía se unió, lamió sus huevos peludos, mientras el Primer Ministro me follaba la mano.
El polvo brutal sin tabúes
Diógenes no se quedó atrás. ‘La virtud es follar sin cadenas’. Se bajó los pantalones, verga gruesa y curva, oliendo a macho puro. Me tumbó en el sofá de cuero, coño expuesto, mojado como un río. ‘Métemela ya’, supliqué, voz rota. Entró de un empellón, polla reventándome, paredes apretando. ‘¡Coño apretado, zorra!’, rugió. Júpiter me metió la suya en la boca, doble penetración oral-genital. La Ministra montó al Primer Ministro, tetas botando, ‘¡Fóllame más duro, cabrón!’.
Cambiábamos posiciones como animales. Yo cabalgando a Diógenes, clítoris frotando su pubis velludo, chorros de placer. Júpiter por detrás, ano virgen estirado, dolor-placer quemando. ‘¡Me rompes el culo!’, grité, pero empujaba contra él. Semen caliente en mi cara, en tetas, coño rebosando corrida. Olor a sexo, sudor, champán derramado. Gemidos, ‘¡Más, joder!’, palmadas en culos rojos.
De repente, silencio. Jadeos calmándose. Júpiter se abrochó los pantalones, sirvió champán. ‘Buena idea lo de los slips, ¿no?’. Yo me limpié el semen con la seda del vestido, sonrisa pícara. ‘Estabilidad total, jefe’. Diógenes se rió, ‘El pueblo que se joda con sus ilusiones’. Volvimos a la mesa, dossiers en orden, como si nada. Secreto de élite, poder y placer entrelazados. El yate siguió navegando, yo con el coño palpitando aún, adicta a esta vida VIP.