Eh, chica, si supieras lo que me pasó el viernes en ese yate privado en Marbella… Yo, sirviendo copas en el evento VIP, con mi vestido de seda negra que se pega al cuerpo como una segunda piel. El aire huele a sal marina y colonia cara. Los socios del heredero, todos en trajes a medida, revisando contratos en la cubierta de teca pulida. Cuatro cervezas frías y sándwiches para ellos, subo con la bandeja al segundo nivel, donde él está solo, moviendo papeles. Musculoso, sudado bajo la camisa blanca, olor a cuero de los asientos y sudor masculino que me pone…
—Gracias, preciosa. Rápido has sido. Toma, para ti también, aunque no bebas en horario. —Me dice con esa sonrisa que ilumina sus ojos oscuros.
La tensión sube entre contratos y miradas en el yate
Le miro la carrura, eh… no gordo como los otros, puro músculo, playa de Ibiza en verano. Le doy la nota, 20 euros, sin cambio. —Guárdalo, por las molestias. Vuelve por los vasos cuando acabemos. Yo cierro. —Susurro, rozando su mano. Dos horas después, yate despejado, subo. Él empuja sofás de diseño, ordenando. Le doy el cambio, él insiste: —Quédate todo. ¿Libre esta noche? Te invito a un rincón exclusivo aquí cerca.
Me cambio rápido, vestido ligero, fendido hasta el muslo. Corro cruzando cubierta, la brisa levanta la tela, mi piel erizada. Me coge la mano, fuerte, segura. Paseamos por la zona VIP del yate, silencio roto por olas. Entramos en un bar privado, mesas de mármol, barra de cobre. Champagne Dom Pérignon, burbujas en la lengua, dulce y frío. Nos miramos, sonriendo. —Soy Carla. —Hervé, sin formalidades. —Charlamos de la noche, el calor de mayo, su piel brillando. Pedimos cena: ostras, caviar, vino tinto que me sube a la cabeza.
—Ese yate es una pasada. ¿Quieres verlo de cerca? Tengo llave de la suite principal. Nadie nos ve. —Me tienta. Café, y subimos. Noche cerrada, su mano en mi cintura, guiándome en la penumbra. Manos se rozan en la puerta, beso tierno… luego hambriento. Lenguas enredadas, sabor a vino y deseo. Entramos, me aplasta contra la pared, manos en mi culo, subiendo la fenda, tocando muslo firme. —Ven al sofá… —Gimo, señalando el de cuero italiano, suave como piel.
Me lleva en brazos, luz de luna filtra por cortinas. Desabrocha mi vestido, caen tiras de seda. Lencería roja contra piel clara. Me besa pechos sobre encaje, muerde pezones duros. Bajo su cabeza, frotando nariz en mi tanga húmeda. Olor a excitación, me arqueo, quito prenda de un pie. Lengua en labios de coño, chupando clítoris hinchado, dedo en ano apretado. —¡Joder, sí! —Grito, guiándole, apretando muslos. Viene río de placer, él ahogado en mi jugo.
El sexo brutal que nos devoró en la suite privada
Ahora yo: le desnudo, polla tiesa enorme, venosa. La chupo lenta, garganta profunda, bolas en mano. Succión rápida, paro al borde. No aguanta, me tumba en suelo alfombrado, embiste coño empapado. —¡Fóllame fuerte! —Rujo. Ritmo loco, lento, profundo. Anal: dedo primero, luego polla resbaladiza de mis jugos. Me reviento el culo, gritando, él eyacula dentro, caliente. Placer doble, temblando.
Mañana, sol en cubierta. Me despierto, polla dura otra vez. Froto, monto, coño apretando eje. Orgasmo lento, miel chorreando. Ducha en mármol, secado con toallas suaves. Desayuno caviar, volvemos. —Llaves hasta mañana, vive el lujo conmigo. —Pero trabajo me llama, extra en club. —No, adiós, fue fuego, pero secreto. —Me voy, él perplejo.
Mes después, vuelve al yate. Me pilla, tensión. Cena, hotel suite VIP. Follada brutal: polla en coño seco al inicio, lubrica sola. Juego, él manda, yo contraataco. —¡Mi amor! —Grita al correrse. Pero huyo. Sábados espera. Vuelvo: hotel, 69 perfecto, chupada experta, polla en garganta. Chevaqueo salvaje, dedo en culo, explosión.
Teléfono: urgencia hospital, soy cirujana de élite, extra por adrenalina. Él, no heredero falso, ponte ferroviario top. Nos reencontramos en mi mundo VIP, manos unidas, secreto élite compartido. Como si nada, contratos firmados, pero coño y polla recordando.