Ay, chicas, acabo de volver de París, y tengo que contároslo todo. Estamos en esa suite brutal del hotel en el Marais, todo en tonos oro y negro, sofás de cuero que huelen a rico, a dinero viejo. El champagne Dom Pérignon burbujea en copas de cristal, frío como el hielo, con ese toque dulce que me pone cachonda. Mi marido, Miguel, me presenta a Javier, su colega de las regatas en Arcachon, y a su hermano Michel. Nos conocemos de la uni en Burdeos, pero él no lo sabe, o finge. Yo soy Carmen, la que siempre ha sido un poco puta en secreto.
Estamos revisando contratos de inversión en yates, papeles sobre la mesa de mármol, pero las miradas… uf. Javier me mira las tetas bajo la seda del camisón que llevo como bata, fino, rozando la piel. Michel, el hermano, con esa cara de frustrado, porque su novia lo dejó. Miguel sonríe, sabe que soy abierta. ‘Carmen, pasa el contrato’, dice Javier, pero su mano roza la mía, eléctrico. El aire huele a cuero caliente y perfume caro. Yo cruzo las piernas, noto mi coño húmedo ya. ‘Eh… sí, aquí’, balbuceo, y nos reímos nerviosos. La puerta se cierra, el espacio VIP se hace privado. Solo nosotros cuatro, el contrato olvidado.
El Decorado de Lujo y la Mirada que Quema
De repente, Miguel dice: ‘Relajaos, masaje para los músculos tensos del viaje’. Yo cojo el aceite, me pongo a horcajadas sobre Javier en el sofá. Su polla se pone dura bajo el pantalón de hilo. ‘¿Te gusta?’, le pregunto, frotando sus hombros, mi culo rozando su paquete. Él gime: ‘Joder, sí…’. Bajo las manos, le bajo el pantalón. Su verga salta, gorda, venosa. La cojo, la chupo. Lengua en el glande, saliva chorreando. ‘Mmm, qué rica polla’, digo. Miguel mira, empalmado. Michel entra, atraído por los gemidos.
El Sexo Crudo que Nos Desató
Me giro, le bajo los pantalones a Michel. ‘Ven, cabrón, fóllame la boca’. Él me agarra el pelo, me mete la polla hasta la garganta. Tosco, como un animal. Yo babeo, escupo. ‘¡Más profundo!’, grito. Javier me come el coño desde atrás, lengua en el clítoris, dedos en el ano. ‘Estás empapada, puta’, gruñe. Me corro la primera vez, temblando, chorros en su cara. Cambio: monto a Javier, su polla me abre el coño como un puño. ‘¡Fóllame fuerte!’, le ordeno. Subo y bajo, tetas rebotando, pezones duros. Michel me la mete por el culo, doble penetración. Duele rico, estirada al máximo. ‘¡Sí, rompedme el ojete!’, aullo. Miguel se une, me la pone en la boca. Tres pollas a la vez: coño, culo, garganta. Sudor, olor a sexo y cuero. Me corro otra vez, gritando, contracciones que los aprietan. Ellos eyaculan: Javier en el coño, Michel en el culo, Miguel en la cara. Semen caliente, pegajoso, tragándolo todo.
Uf, jadeamos. Me limpio con la lengua, sonrío. ‘Buen masaje, ¿no?’. Vuelven los trajes, el champagne. Firmamos los contratos como si nada. Miradas cómplices, secreto de élite. Miguel me besa: ‘Eres la mejor’. Javier y Michel asienten, ‘Hasta la próxima regata’. Bajamos al lobby, elegantes, nadie nota el semen seco en mi piel bajo la seda. Adrenalina pura, poder y placer exclusivo. ¿Queréis más detalles? Ay, qué noche…