Mi noche salvaje en el yate privado de Paros

Acabamos de llegar a Paros en ferry, mi novio Pablo y yo. Veinteañeros, locos de amor, pero con ganas de algo más… exclusivo. Nos sentamos en la terraza de un café frente al puerto, oliendo a sal y yates caros. Sacos al suelo, un café helado… y de repente, su voz. ‘Bienvenidos a Paros, ¿franceses?’ No, españoles. Ella, una morena de unos 38, gafas de sol enormes, vestido de seda blanca que se pega a sus curvas. Se llama Sofia, vive en Copenhague con su marido Jens, un profesor rico que tiene este yate anclado aquí. ‘Venid conmigo, tengo una cabina libre abajo. Os enseño la isla, y hablamos en español, que echo de menos.’ ¿Cómo decir que no? Sube mis bolsas como si nada, fuerte, atlética. Pablo la mira, yo también… pero yo solo quiero a él.

El yate es puro lujo: cubierta de teca, cuero blanco que huele a nuevo, champán Dom Pérignon en copas frías. Jens, un vikingo de 1,90, barriga ligera, gafas finas, nos saluda seco pero educado. ‘Instalaos, chicos. Sofia os cuida.’ Ella nos lleva a la cabina inferior, independiente, con vistas al mar turquesa. Subimos a cubierta, sofás mullidos, ella se quita el vestido… joder, cuerpo dorado, tetas grandes con pezones oscuros, piernas musculosas. Yo, menuda, tetas pequeñas y firmes, me quito el bikini de arriba también. Pablo traga saliva. Miradas cruzadas mientras untamos aceite solar. Sus manos en mi espalda, luego en la de Sofia… rozan sus nalgas. ‘Cuidado con el sol, pieles blancas’, dice ella, voz ronca.

El yate, el champagne y las miradas que queman

Noche cae, cena en cubierta: ensalada griega, langosta, más champán burbujeante, dulce en la lengua. Vestidas de blanco, faldas cortas prestadas de su armario, tacones que clavan en la madera. Sofia me maquilla, ‘Pareces una diosa, chiquilla’. Jens habla de contratos, dossiers sobre la mesa: él invierte en startups, Pablo es de derecho, yo letras. Miradas… su muslo contra el mío bajo la mesa, piel caliente. Jens charla con Pablo de clásicos, ouzo fluye. Yo siento la mano de Sofia subir por mi pierna… ‘¿Bailemos?’. Música suave, slow. Cambio de parejas: ella contra Pablo, tetas aplastadas, yo con Jens, su polla dura contra mi vientre. ‘Vamos a la cabina’, susurra ella. Espacio VIP se cierra, privado.

Puerta echada, Sofia empuja a Pablo al sofá de cuero, le abre el pantalón. ‘Mira qué polla dura tienes’. Yo… Jens me besa el cuello, olor a colonia cara. ‘Relájate, preciosa’. Sofia mama la polla de Pablo, chupando fuerte, saliva goteando. Jens me tumba, arranca mi falda, lengua en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta pequeña’. Gimo, miro a Pablo… él gime con la boca de Sofia en su verga. Cambio: Jens saca su polla gorda, venosa. ‘Chúpala’. Obedezco, sabor salado, enorme, me ahoga. Sofia cabalga a Pablo, tetas rebotando, ‘¡Fóllame fuerte!’. Yo siento dedos de Jens en mi culo… ‘Primera vez, ¿eh? Relájate’. Me moja con saliva, empuja… dolor, luego placer. ‘¡Joder, me rompes el culo!’, grito. Él entra lento, polla gruesa abriéndome, ano dilatado. Pablo folla a Sofia a cuatro patas, nalgadas rojas.

El fuego desatado en la cabina privada

Gritos: yo corro bajo Jens, él me enculea profundo, bolas contra mi coño. ‘¡Sí, dame por el culo!’. Pablo eyacula en Sofia, chorros calientes. Jens me gira, me folla el coño salvaje, luego vuelta al culo. ‘¡Me vengo!’. Lleno mi ano de leche, caliente, rebosando. Sofia lame el semen de mi culo, lengua dentro. Pablo me besa, ‘Eres mía… y suya’. Orgasmos múltiples, sudor, olor a sexo y cuero mojado.

Amanecer. Vestidos impecables, maquillaje fresco. Café en cubierta, como si nada. ‘Gracias por la noche’, dice Jens, guiño. Sofia: ‘Volved cuando queráis, secreto nuestro’. Pablo y yo nos miramos, complices en este vicio elite. Bajamos al puerto, manos entrelazadas. Secretos que atan más fuerte que el amor normal.

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