Mi polvo furtivo en el hotel de lujo con mi amante secreto

Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Estábamos en ese hotel de puta madre en la Costa Brava, todo mármol blanco, vistas al mar que quitan el aliento, olor a sal y a cuero caro de los sofás en la recepción. Mi prometido, Alejandro, con su familia pija, organizando esa gala preboda. Smokings, vestidos de noche que rozan el suelo de seda, copas de champán Dom Pérignon que burbujean en la lengua, frías y dulces.

Yo, con mi vestido rojo ceñido a las caderas, escote hasta el ombligo, sin sujetador, tetas al aire casi, sintiendo el roce de la tela en los pezones duros. Javier, mi amante, mi debilidad, estaba allí por ‘casualidad’, rondando como un lobo. Nuestras miradas se cruzan entre los grupos, entre charlas de contratos millonarios y yates. Él, con pantalón oscuro, camisa blanca, ojos que me follan desde lejos. ‘¿Estás loca?’, le susurro por WhatsApp. ‘Ven, ya’, responde. El corazón me late fuerte, adrenalina pura, el poder de saber que puedo joderlo todo en este mundo exclusivo.

La tensión sube en la gala exclusiva

Alejandro me presenta a todos, su primo, su hermana… pero yo solo pienso en Javier. ‘Voy a retocarme’, miento, escabulléndome. Subo al ascensor VIP, olor a perfume caro y cuero nuevo. Llego a su suite, puerta entreabierta. Entro, él cierra, me pega a la pared. ‘Eres una puta loca’, me dice, besándome el cuello, manos en mis tetas. El espacio se hace privado, solo nosotros, el mar rugiendo fuera.

Me arranca el vestido hacia arriba, sin tiempo pa’ delicadezas. ‘¡Fóllame ya, joder!’, gimo, quitándome las bragas de encaje. Me doblo sobre el sillón de terciopelo, culo al aire, medias de liga tensas en los muslos. Su polla dura, gorda, me roza el coño empapado. ‘Estás chorreando, Clara’, gruñe, oliendo mi humedad. Me mete dos dedos, revuelve, me hace jadear. ‘¡Más, cabrón!’. Empuja la verga de golpe, hasta el fondo, rompiéndome. ‘¡Ahhh, sí! ¡Me parte esa polla tuya!’.

El clímax brutal en la suite privada

Me agarra las caderas, me taladra como un animal. Plaf, plaf, sus huevos contra mi clítoris, sudor mezclado con mi jugo que chorrea por las piernas. ‘¡Búrreme, rómpeme el coño!’, grito bajito, mordiéndome el labio. Él me da en el culo, suave al principio, ‘¿Quieres por detrás?’. ‘¡No, aún no, joder! ¡Sigue follándome así!’. Acelera, salvaje, yo me meneo, tetas balanceándose, pezones rozando el cuero del sillón, olor a sexo y champán en mi aliento. Siento su polla hincharse, mis paredes apretándola, orgasmos que me sacuden. ‘¡Me corro, puta mía!’, ruge, llenándome de leche caliente, chorros que me queman dentro. Yo exploto, coño convulsionando, piernas temblando, ‘¡Sí, dame todo!’.

Cinco minutos, chrono. Me recompongo, espejo rápido, semen goteando aún por los muslos, sin limpiar, me encanta esa sensación sucia bajo el vestido. Bajo al salón, sonrisa perfecta. Alejandro me da una copa, ‘¿Dónde estabas?’. ‘Retocándome, amor’. Javier se une, copa en mano, mirada cómplice. ‘¡Qué coincidencia verte aquí!’, digo, fingiendo. Mi cuñada Severina nos mira, sonriendo pícara, como si oliera el secreto. Brindamos, charlamos fusiones y yates, yo sintiendo su corrida resbalando, tetas aún hinchadas. Apariencias intactas, pero ese polvo elite nos une en el lujo prohibido. ¿Quién sabe qué pasará con Severina mañana?

Leave a Reply