Acabo de bajar del yate de ese magnate español, uno de esos que controlan medio mundo desde su móvil. Dios, el olor a cuero nuevo y sal marina todavía me impregna la piel. Estaba en el club exclusivo de Marbella, negociando contratos millonarios. Yo, con mi vestido de seda negro ajustado, sin bragas, sintiendo el roce fresco contra mi coño cada vez que cruzaba las piernas. Él, Javier, traje impecable, ojos que me devoraban por encima de los dossiers. ‘Firma aquí, preciosa’, me dice con esa voz grave, mientras su mirada baja a mis tetas, endurecidas bajo la tela fina. El champagne burbujea en la copa, dulce y frío en mi lengua, pero el calor sube entre nosotros. Los guardaespaldas fuera, la sala VIP con vistas al Mediterráneo, cristal ahumado. Siento su pie rozar mi tobillo bajo la mesa de caoba. ‘¿Estás cómoda?’, pregunta, y su sonrisa es puro poder. Hago que sí con la cabeza, mordiéndome el labio. La tensión es eléctrica, mis pezones duros como piedras. Otro sorbo de champán, el gas picando en la garganta. Él cierra el dossier de golpe. ‘Ya está, ahora… esto es privado’. Se levanta, cierra la puerta con llave. El yate empieza a moverse, suave balanceo. Me empuja contra la pared de cuero, sus manos en mi culo. ‘Quítatelo todo’, gruñe. El vestido cae, mi cuerpo desnudo brilla bajo las luces tenues. Su aliento caliente en mi cuello, olor a colonia cara y deseo puro.
No hay preliminares de mierda. Me gira, me dobla sobre la mesa. ‘Mira ese coño mojado, puta de lujo’, dice, y mete dos dedos de golpe, chapoteando en mis jugos. Gimo, ‘¡Joder, sí!’. Baja los pantalones, su polla sale dura como hierro, venosa, cabezona, goteando precum. La frota contra mis labios vaginales, resbaladiza. ‘Te voy a follar hasta que grites’. Empuja, entra de un golpe, estirándome el coño al límite. ¡Ahhh! Duele y mola a la vez. Empieza a bombear, fuerte, profundo, sus huevos chocando contra mi clítoris. ‘¡Más, cabrón, rómpeme!’, le suplico, arqueando la espalda. Cambia, me pone de rodillas en la alfombra persa. ‘Chúpala, zorra’. Abro la boca, trago su verga hasta la garganta, saboreando mi propio coño en ella. Tosco, saliva chorreando por mi barbilla. Me agarra el pelo, folla mi boca como un pistón. ‘Buena chica’. Luego, al sofá de piel. Me monta encima, cabalgo esa polla gorda, tetas rebotando. Él las chupa, muerde pezones, dolor placentero. ‘¡Me corro, joder!’, grito, mi coño contrayéndose, chorros calientes bajando por su polla. Él no para, me voltea en cuatro, mete un dedo en mi culo mientras me taladra. ‘Ahora el ano, ¿lista?’. Asiento, jadeando. Escupe, empuja su polla lubricada. Entra apretado, quema, pero empujo contra él. ‘¡Fóllame el culo, papi!’. Ritmo brutal, piel contra piel, sudor mezclado con champán derramado. Gruñe, ‘¡Toma mi leche!’. Se corre dentro, chorros calientes llenándome el recto, desbordando.
La Tensión en la Sala VIP del Yate
Se retira despacio, su semen goteando por mis muslos. Me limpia con una toalla de seda, suave como un beso. ‘Vístete, reina’. Vuelvo a ponerme el vestido, piernas temblando. Él ajusta su corbata, abre la puerta. Los guardaespaldas ni pestañean. ‘Contrato firmado, placer sellado’, dice con guiño. Brindamos otra copa de Dom Pérignon, hablando de cifras como si nada. El yate atraca, luces de Marbella brillando. Bajamos, sonrisas perfectas, secreto elite grabado en nuestros ojos. Mi coño y culo palpitan aún, recordándome el lujo del poder. Mañana, más negocios. Pero esta noche… fue mía.