Acababa de subir al yate del magnate, ese monstruo del petróleo que todos temen y desean. El sol se ponía sobre el mar, tiñendo todo de oro. Olía a cuero nuevo, mezclado con sal marina y el leve aroma de cigarros cubanos. Llevaba un vestido de seda negra que se pegaba a mi piel sudada por el calor. Él, Okam, me miró de arriba abajo mientras firmábamos los contratos en la mesa de caoba. Sus socios, tres tipos duros con trajes italianos, no paraban de clavar los ojos en mis tetas.
—Ven, siéntate aquí, Alys —me dijo Okam con esa voz grave, ronca. Su mano rozó mi muslo al pasarme la copa de champagne. Burbujas frías en la lengua, dulces como el pecado. Hablábamos de cifras millonarias, de exclusividad en el club VIP de la costa. Pero la tensión crecía. Sentía sus miradas devorándome. Um… uno de ellos, el más joven, se ajustó los pantalones disimuladamente. Yo sonreí, cruzando las piernas, dejando que la seda subiera un poco.
La Tensión en la Cubierta de Lujo
Los contratos listos, Okam hizo un gesto. —Chicos, dejadnos solos en la suite principal. Esto es privado ahora. —Sus ojos brillaban con poder. Bajamos por la escalera de mármol, el yate meciéndose suave. La puerta se cerró con un clic. Solo él y yo. El aire acondicionado erizaba mi piel bajo la seda. Me acercó, su aliento whisky y dominio. —Sabes lo que quiero, ¿verdad? —Susurró, manos en mi cintura.
Me empujó contra la pared forrada de terciopelo. Su boca devoró la mía, lengua invasora, dura. Arrancó el vestido, exponiendo mis pechos. —Joder, qué tetas tan perfectas —gruñó, chupando un pezón con fuerza, mordiendo hasta doler placenteramente. Yo gemí, arqueándome. Sus dedos bajaron, rasgando el tanga de encaje. —Mira este coño mojado, puta de lujo. —Metió dos dedos dentro, bombeando rápido, mi jugo chorreando por sus nudillos. Olía a sexo crudo, a mi excitación.
El Sexo Brutal Sin Límites
Le bajé la cremallera, saqué esa polla enorme, venosa, palpitante. —Fóllame ya, cabrón —le rogué, voz entrecortada. Me giró, cara contra el cristal panorámico, culo en pompa. Escupió en mi raja y empujó de un golpe. Ay… ¡Dios! Me partió en dos, su verga gruesa reventándome el coño. Embestidas brutales, huevos golpeando mi clítoris. —¡Más fuerte! ¡Rompe mi coño! —grité, uñas clavadas en el cuero del sofá. Sudor goteando, cuerpos chocando con palmadas húmedas. Me folló como animal, tirando de mi pelo rojo, llamándome su zorra VIP.
Cambié de posición, cabalgándolo en la cama king size, sábanas de satén. Su polla entraba hasta el fondo, rozando mi punto G. Rebotaba, tetas saltando, él manoseándolas. —Córrete dentro, lléname de leche —jadeé. Él rugió, clavándome más hondo. Sentí su polla hincharse, chorros calientes inundando mi útero. Yo exploté, coño contrayéndose, squirt salpicando sus abdominales. Agotados, respirando fuerte, piel pegajosa de sudor y semen.
Minutos después, nos recompusimos. Me ayudó a ponerme el vestido, alisándolo con manos firmes. Champagne de nuevo en mano, subimos a cubierta. Sus socios esperaban, fingiendo charlar de negocios. —Todo firmado —dijo Okam con sonrisa impecable, guiñándome. Yo asentí, piernas temblando aún, coño palpitante con su semen adentro. Secretos de élite, como si nada. Pero su mirada prometía más noches así. El yate zarpó, yo saboreando el lujo y el vicio compartido.