Estábamos en el yate privado de mi Maestro Pablo, navegando por la costa de Ibiza. El sol caía sobre la cubierta de teca pulida, olor a sal y cuero caro de los sillones. Yo, Valeria, su sumisa perfecta, con un vestido de seda negro que rozaba mi piel como una caricia prohibida. Frente a nosotros, Marcos, el invitado VIP, repasando contratos millonarios. Papeles con cifras obscenas, champagne Dom Pérignon burbujeando en copas frías.
Pablo me miró, esa sonrisa de poder. ‘Quítate el vestido, puta mía’, ordenó bajito. Dudé un segundo, eh… los ojos de Marcos devorándome ya. Me lo saqué despacio, quedando en lencería fina, medias hasta el muslo y tacones de vértigo. El aire marino erizaba mi piel desnuda. ‘Vamos a jugar a la caza’, dijo Pablo. ‘Cinco minutos para esconderte en las cabinas privadas. El que te pille, te folla como quiera’.
La Tensión en la Sala VIP
Corrí por los pasillos iluminados tenuemente, el yate zumbando suave. Hice clic-clic con los tacones, sintiendo el plug en mi culo, lleno del semen de Pablo de anoche. Me metí en una suite vacía, corazón latiendo fuerte. Olía a sándalo y lujo. Me apoyé en la pared de terciopelo, jadeando.
De repente, pasos. ‘Eres preciosa así, desnuda en este palacio flotante’, susurró una voz. Me giré: era él, Max, el tipo del club anoche, el que me había manoseado en los baños VIP. ‘¿Tú? ¿Cómo…?’, balbuceé. Se acercó, fuerte, oliendo a colonia cara y deseo. ‘Te puse un tag RFID en el vestido mientras mirabas los contratos. Mi empresa los fabrica, preciosa’.
Me atrapó contra él, su polla dura presionando mi vientre a través del pantalón. ‘No es mi mujer la de ayer, solo una amiga. Ahora, tú eres mía’. Me besó, lengua invadiendo, sabor a champagne y sal. Me derretí, eh… mis pezones endureciéndose. ‘Pablo y Marcos te buscan, pero yo te encontré primero’.
Me levantó como una pluma, llevándome a su suite privada. Puerta cerrada con clic, el yate ya era nuestro mundo secreto. Me tiró en la cama king size, sábanas de hilo egipcio frías contra mi piel caliente. ‘Abre las piernas, zorra’. Obedecí, coño ya húmedo chorreando.
Se desnudó, su polla gruesa, venosa, saltando libre. ‘Mámamela toda, hasta la garganta’. Me arrodillé, la lamí desde las bolas pesadas, sabor salado-musgoso. La tragué despacio, garganta abriéndose, arcadas placenteras. ‘Joder, qué buena garganta de puta tienes’, gruñó, follándome la boca con embestidas. Babas goteando por mi barbilla.
El Polvo Brutal y la Sumisión Total
Luego, me puso a cuatro patas. ‘Ese plug… sácalo, pero primero te voy a follar el coño’. Me lo arrancó, semen viejo salpicando. Su polla entró de golpe en mi coño empapado, chap-chap sonoro, olor a sexo puro. ‘¡Ah, sí, fóllame fuerte!’, gemí. Me taladraba, bolas golpeando mi clítoris hinchado. Manos apretando mis tetas, pellizcando pezones hasta doler delicioso.
‘Ahora el culo, mi puta exclusiva’. Escupió en mi ano abierto, polla empujando sin piedad. Ardía, estirándome al límite. ‘¡Joder, qué culo apretado! Te voy a rellenar’. Me sodomizaba brutal, yo empujando hacia atrás, puta en heat. Dedos en mi clítoris, frotando furioso. ‘¡Córrete, zorra, con mi verga en tu culo VIP!’.
Exploto, grito ahogado, coño contrayéndose, culo ordeñándolo. Él gruñó, semen caliente inundándome las entrañas, chorros potentes. Colapsamos, sudor pegajoso, respiraciones jadeantes.
Minutos después, sonó el móvil. Pablo. Max en altavoz: ‘La tengo yo, tu sumisa. Obedeció al que la pilló’. Pablo furioso, pero Max cortó: ‘Hasta las ocho, no llames’. Me abrazó: ‘Ahora, vístete, preciosa. Regresamos al salón como si nada’.
Subimos, yo con su chaqueta sobre los hombros, sonrisa impecable. Champagne en mano, charlando contratos. Marcos y Pablo sin saber, pero Max y yo compartiendo miradas cargadas. Secreto elite, mi culo aún palpitando con su leche. Adrenalina pura, lujo y vicio.