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Mi trío ardiente en el yate privado de Marbella

Ay, chicas, todavía huelo el cuero salado del yate, ese aroma caro mezclado con el mar de Marbella. Era anoche, en el yate privado de Carlos, ese inversor que me había citado para cerrar contratos de mi línea de lencería de lujo. Yo, vestida con un bikini de seda negra que rozaba mis pezones duros, tacones altos sobre la cubierta pulida. Él, en camisa blanca abierta, mostrando ese pecho bronceado y poderoso. Y ella, Laura, su asistente… Dios, con ese vestido rojo ceñido, tetas perfectas asomando, labios carnosos pintados.

Estábamos revisando los dossiers, papeles con cifras millonarias. ‘Firma aquí, amor’, me dice él, su mano rozando la mía, cálida, firme. Yo levanto la vista, y nos clavamos los ojos. Ella sorbe champagne, burbujas en su lengua, y me guiña un ojo. ‘¿Todo bien, nena?’, pregunta con voz ronca. Siento el calor subir, mis bragas ya húmedas contra la seda. Hablamos de exclusividad, de tratos VIP, pero las miradas… joder, queman. Él se acerca, su aliento a ron caro en mi cuello. ‘Esto se pone interesante’, murmura. Laura ríe bajito, su pie descalzo subiendo por mi pantorrilla. El sol se pone, la cubierta se vacía, el mayordomo desaparece. Cerramos la puerta de la suite principal. Ya está. Solo nosotros tres.

La tensión en la cubierta VIP

Adentro, olor a sándalo y cuero nuevo. Él me empuja contra la pared forrada de terciopelo, boca en mi cuello, mordiendo suave. ‘Quítate eso’, gruñe. Le arranco la camisa, manos en su polla ya dura, gruesa, latiendo bajo el pantalón. Laura se pega por detrás, sus tetas contra mi espalda, manos bajando mi bikini. ‘Mira qué coño tan jugoso’, susurra, dedos abriendo mis labios, tocando mi clítoris hinchado. Gimo, eh… sí, justo ahí.

Nos tiramos al king size, sábanas de hilo egipcio frías contra piel caliente. Él se saca la polla, enorme, venosa, y yo la chupo primero, lengua en el frenillo, saliva chorreando. ‘Joder, qué boca’, jadea. Laura se sube a mi cara, coño depilado rozándome los labios, sabor salado y dulce. La lamo, lengua dentro, chupando su clítoris mientras ella gime ‘¡Sí, cabrona, come mi coño!’. Él me penetra de golpe, polla hundiéndose en mi chocho mojado, embestidas brutales, huevos golpeando mi culo. ‘¡Fóllame fuerte!’, grito. Cambio: ella cabalga su polla, tetas rebotando, yo me siento en su cara, él lamiéndome el culo mientras la folla. ‘¡Me corro!’, aúlla ella, jugos bajando por su verga.

El clímax prohibido en la suite

Yo la empujo, monto su polla, rebotando salvaje, clítoris frotando su pubis. Laura me besa, lengua enredada, dedos en mi ano. ‘Córrete en su polla, puta’, me dice. Él me agarra las caderas, clavándose profundo, y exploto, coño contrayéndose, chorros calientes. Él gruñe, ‘¡Me vengo!’, semen llenándome, caliente, espeso. Nos corremos los tres, sudor, gemidos, cuerpos temblando enredados.

Minutos después, champagne otra vez. Nos vestimos, peinamos. ‘Contrato firmado’, dice él con sonrisa pícara, guiñando. Ella ajusta su vestido, beso en mi mejilla. ‘Ha sido… exclusivo’. Bajamos a cubierta como si nada, mayordomo sirviendo caviar. Secretos de élite, miradas cómplices. Nadie sabe. Pero yo aún siento su semen goteando, el roce de la seda en mi piel sensible. Mañana, negocio como siempre. Pero esta noche… inolvidable.

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