You are currently viewing Mi secreto prohibido en el yate privado con la virgen sueca
Samsung

Mi secreto prohibido en el yate privado con la virgen sueca

No había pensado en esa noche desde hace años. Hasta ayer, con una copa de champán en la mano, todo volvió. Yo tenía veintiún años, piel morena de mis raíces españolas, abdomen plano, melena negra larga hasta la cintura. Sexy, sí, y lo sabía. Trabajaba como asistente ejecutiva en eventos de élite, ese mundo de yates y contratos millonarios.

El yate era una bestia de lujo, anclado frente a Mónaco. Cubierta superior, asientos de cuero negro que olían a rico, a poder. Burbujas del Dom Pérignon picando en la lengua, sal del mar mezclada con perfume caro. Tres suecas invitadas: Ana y Emelie, hermanas rubias de veinticinco, curvas perfectas; y su prima Inge, diecinueve, angelical, piel de porcelana, ojos azules como piscinas. Virtuosas, de esas familias nórdicas con pasta vieja.

La tensión sube en la cubierta VIP

Estábamos revisando dossiers. Inversiones en villas de lujo. Papeles crujiendo, manos rozando al pasarlos. ‘¿Tu pelo es natural?’, me susurró Inge en un francés torpe, rozando mis mechones con dedos temblorosos. Su aliento cálido en mi cuello. Sonreí, eh… sí, tócalo. Sus ojos bajaron a mi escote, seda roja pegada al sudor. Ana y Emelie reían, pero miraban. Tension sexual pura, aire cargado. ‘Firma aquí’, dije, voz ronca, pierna contra la suya bajo la mesa de cristal.

El sol caía, calor asfixiante. ‘Vamos a la suite’, propuse, maliciosa. Espacio VIP total, puerta blindada cierra con clic. Privado ya. Vestidos de seda caen, bikinis rojos desatados. Ellas desnudas primero, tetas firmes, coños lampiños o con pelitos finos, casi vírgenes. Inge duda, pero suelto su nudo. Su chochito rosado, estrecho, intocado. Mi coño palpita, húmedo ya.

Me tumbo en la cama king size, sábanas de hilo egipcio suaves como piel. Inge se acerca, ojos vidriosos. Se toca despacio, dedos en el clítoris hinchado, labios abiertos. ‘Mírame’, gime en sueco mezclado. Yo abro piernas, mi coño moreno chorreando. Sus dedos aceleran, muslos temblando, yo me corro primero, chorro salpicando la seda.

El polvo intenso en la suite privada

No aguanto. La tiro sobre mí, frotando coños. Calor brutal, clítoris contra clítoris, resbaladizo de jugos. ‘Ay… duele un poco’, jadea ella. Virgen total, nunca follada. Meto dedo índice suave, resiste el himen. Empujo, rompe, sangre tibia moja mi mano. Grita, pero empuja cadera. ‘Más… fóllame’. Dos dedos ahora, bombeando su coño apretado, pulgar en clítoris. Chupa mi teta, muerde pezón. Emelie y Ana miran desde sillón, coños mojados, tocándose lento.

La monto, tribbing salvaje. Mi coño aplastando el suyo, frotando rápido, piel contra piel sudada. Olor a sexo, mar y cuero. ‘¡Córrete, puta!’, gruño. Inge arquea espalda, orgasmo brutal, piernas temblando, chorra empapando sábanas. Yo sigo, dedos en su culo ahora, prohibido. Me corro gritando, jugos mezclados con su sangre virgen.

Agotadas, respirando fuerte. Subimos a cubierta. Vestidos puestos, maquillaje retoque. Firmamos contratos como reinas. ‘Brindis por el negocio’, dice Ana, guiño cómplice. Inge me roza mano, secreto élite. Nadie sabe el polvo crudo abajo. Adrenalina de lujo, poder y coños rotos. Volví a casa oliendo a ella, sonrisa eterna.

Leave a Reply