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Mi primera follada VIP en el yate privado: un secreto de lujo

—Chicas, no os lo vais a creer… Acabamos de llegar al yate de mi familia, ese monstruo de 50 metros anclado en la bahía de Ibiza, todo de caoba y cuero italiano que huele a dinero fresco. Sofía, tú que lo planeas todo, ¿visteis el jet privado que nos trajo? —dice Mimi, con los ojos brillantes, mientras se sirven copas de Dom Pérignon helado.

—Claro, Mimi, pero cuéntanos de una vez. ¿Ese tío del club VIP anoche? El que te comía con los ojos mientras firmabais esos contratos falsos de ‘inversión’ —responde Amanda, la viciosa, lamiendo el borde de su copa, con ese bikini de seda que se le pega al cuerpo.

La tensión sube en la suite del yate

—Ay, Didine, qué directa… Sí, era él, Marco. Alto, traje a medida, ese olor a colonia cara mezclada con mar. Estábamos en la sala privada del club, dossiers por todos lados, champagne burbujeando… Sus miradas, uf, como si ya me estuviera desnudando. ‘Firma aquí, preciosa’, me dice, rozándome la mano. Yo nota su paquete duro contra la mesa de cristal. Lena, tú que pareces la santa, viste cómo me mojé.

—Ja, Nana lo vio todo. Parecíais dos lobos en celo entre papeles y vistas al mar. ¿Cuándo os quedasteis solos? —pregunta Lena, mordisqueando una fresa, el sol dorado en su piel bronceada.

—Cuando cerró la puerta del camarote VIP. ‘Esto es privado ahora’, murmuró, y me besó el cuello, oliendo a cuero de su cinturón. Sus manos en mi seda, subiendo el vestido… Chicas, la polla se le marcaba como una barra de hierro.

—Venga, al grano, Mimi. ¿Cómo fue el polvo? Cuéntalo crudo, que estamos entre nosotras —insiste Amanda, inclinándose, tetas casi fuera.

—Uf… Me tiró en la cama king size, sábanas de hilo egipcio suaves como un sueño. Me arrancó el tanga, olía a mi coño ya empapado. ‘Qué rica estás’, gruñó, y me abrió las piernas. Lamida mi clítoris, chupando fuerte, lengua girando… Gemí como loca, sabor salado del mar en su boca. Me corrí dos veces, squirteando en su cara, él bebiendo todo.

El polvo brutal y el regreso al glamour

—Joder, qué guarro… ¿Y la penetración? —dice Sofía, la práctica, abanicándose.

—Se sacó la polla, gorda, venosa, cabezona reluciente de pre-semen. ‘Te voy a follar hasta que grites’, dijo. Lubriqué con su saliva, entró de un empujón en mi coño virgen de tíos así. Dolor al principio, pero rico, me llenaba entera. Me pistonaba brutal, huevos golpeando mi culo, ‘¡Toma, puta de lujo!’ Sudor, olor a sexo y Chanel. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando, él pellizcándome pezones. Luego a cuatro patas, me dio en el culo con la mano, roja mi piel. ‘Córrete, zorra’, y yo exploté, coño apretándole la verga. Él rugió, ‘¡Me vengo!’, y me llenó de leche caliente, chorros gordos goteando.

—¡Hostia, Mimi! ¿Y el ano? —salta Amanda, excitada.

—No aún, pero casi… Me limpió con la lengua, sabor a semen y yo. Luego, vuelta al cava, trajes puestos, como si nada. Firmamos ‘el contrato’, risas, pero con ese secreto: mi coño marcado por su polla. Ahora, en el yate, fingimos elegancia, pero huelo su corrida en mí.

—Eres una diosa, Mimi. Próxima vez, invítanos —ríen todas, brindando, el lujo intacto, el vicio guardado.

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