You are currently viewing Mi polvo salvaje en el yate privado de Ibiza

Mi polvo salvaje en el yate privado de Ibiza

Estábamos solos en el lounge del yate, anclado frente a Ibiza. El sol se ponía, tiñendo el mar de oro. Olor a cuero nuevo de los sofás, champagne Dom Pérignon en copas de cristal. Yo, con mi falda plisada de seda italiana, ajustada pero corta, y él, Diego, el inversor millonario, revisando contratos sobre la mesa de mármol. Pocos invitados quedaban arriba, en la cubierta principal. Aquí abajo, solo nosotros dos, dossiers apilados altos como torres.

Le pillé mirándome las piernas cruzadas. Sonreí, sin decir nada. Me levanté por un documento en la estantería alta, rodando la escalerita de madera noble. Subí despacio, el tacón clicando. ‘Si me caigo, ¿me agarras?’, le dije riendo, voz ronca. Él levantó la vista… directo bajo mi falda. Culotte blanca de encaje, volada, con pelitos negros asomando por los lados. Mmm, interesante. Intenté mover la escalera, pero estaba trabada. Él no se movió, solo miró. Placer en sus ojos.

La tensión sube en el lounge VIP

Me giré: ‘Empújala un poco, quiero ir más allá’. Empujó, pero nada. Su mirada clavada en mi coño a través del encaje transparente. ‘Prueba con el pie’, sugirió. Lo hice, abriendo piernas, dándole vista completa. Poils rizados, húmedos ya. Bajé, falda rozándole la cara. ‘Perdón’, murmuré, pero subí de nuevo, más lejos. Él no disimuló: ‘Tienes una culotte preciosa’. ‘¿Te gusta? Es mi favorita’, respondí natural, como si charláramos del champagne.

Se giró: ‘Me encanta lo que escondes ahí’. Me bajé un poco, levanté falda: ‘Solo has visto atrás. Mira delante’. Él se acercó, ojos a la altura perfecta. ‘Transparente del todo, se ven tus pelos… y asoman’. Mi mano… no, la suya rozó, metiendo pelitos dentro. ‘Mejor así’, dijo. Temblé. ‘Soy muy peluda, bruna total. Debería depilarme’. Le miré, sosteniendo falda bajo el mentón. Electricidad. Pero volví a mi sitio, contratos en mano. Él agitado, yo fingiendo calma.

Al día siguiente, misma escena. Cambié culotte por un string de hilo dental, negro. Subí: ‘Mira la sorpresa’. Faldita más corta, culo al aire, solo hilo entre nalgas. ‘¿Qué tal?’. ‘Brutal, pero quiero delante’. Me di la vuelta, abrí rodillas en la escalera: ‘Me recorté los pelos que asomaban, por ti’. Él de pie, cerca: ‘Quedan perfectos, me flipan’. Tocó, suave. Bajé, comimos en la barra, piernas abiertas mostrándole todo. ‘Te mola que te enseñe mi coño, ¿eh?’. ‘No lo negaré’. Hablamos estudios, no, negocios. ‘Ven a mi cabina esta noche, revisamos contratos… después del jacuzzi’.

El clímax sin filtros en la cabina privada

Su suite era puro lujo: jacuzzi doble, burbujas calientes, olor a sales de baño caro. Me desnudé, piel erizada por su mirada. Polla tiesa ya. ‘¿Yo te pongo así?’. Entramos, cuerpos rozando. Agua caliente, sus manos en mis tetas pequeñas, pezones duros. Salió, secándonos, me llevó al vestidor enorme. ‘Mira mi colección de lencería. Elige, te la pongo’. Strings, tangas de seda, rojo fuego. Me probaba una, girando: ‘¿Me queda bien? Tócala’. Mi mano en su polla: ‘Joder, enorme’. ‘Quítamela, pones otra’. Nuestras pieles ardían.

De repente, cabina privada. Puerta cerrada, nadie molesta. Me arrodillé: ‘Te voy a mamar hasta que corras’. Boca en su polla gorda, venas pulsando, salada. Chupé profundo, lengua en el capullo, huevos peludos. Gimiendo: ‘Joder, qué boca’. Él me tumbó en la cama king size, sábanas de hilo egipcio. ‘Abre las piernas, quiero tu coño peludo’. Lengua dentro, lamiendo labios hinchados, clítoris tieso. ‘Estás chorreando, puta’. Dedos en mi ano, tres en el coño, follándome duro. Grité: ‘¡Fóllame ya!’. Polla entrando, gruesa, rompiéndome. Embistes salvajes, sudor, olor a sexo. ‘Tu coño aprieta como virgen’. Corrí primero, chorros en su polla. Él eyaculó dentro, semen caliente llenándome.

Ducha rápida, risas. Vestidos impecables, champagne de nuevo. Arriba, contratos firmados. Miradas cómplices, sonrisa elite. ‘Buen trabajo’, dijo él. Nadie supo. Nuestro secreto VIP, adrénaline pura.

Leave a Reply