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Mi polvo salvaje en la suite VIP del Mandarin Oriental

Ayer fue una locura en el lounge del Mandarin Oriental. Ese RER abarrotado de ejecutivos por la huelga de trenes me llevó directo a él, un chaval de 25, hijo de un cliente millonario, estudiante de MBA en IE. Hoy, nueve de la mañana, cita con mi colega Lola en el lobby. El lujo everywhere: mármol italiano, olor a cuero nuevo de los sofás, champán Dom Pérignon en copas de cristal tallado.

—Esta mañana los trenes van, pero dudo que pilles frutas como ayer en el lounge, ¿no? —me suelta Lola, divorciada y con la mente en el sexo 24/7.

La tensión sube entre contratos y miradas ardientes

—No necesariamente… —se me escapa, por puro desafío. Ella ríe, yo siento el calor subiendo.

El día en la sala de reuniones es rarísimo. Mañana de contratos, pero mi cabeza vuela a su polla dura contra mi culo en el ascensor ayer. Al almuerzo, en el restaurante VIP, hablamos de placements exclusivos al 0,025%, solo para élite con la Infinity Black. Aburrido… Me levanto por postre, veo un plato de mangos jugosos. Joder, flashazo: su lengua en mi coño depilado. Lo interpreto como señal del destino. Fatalidad cachonda.

No hay tiempo para delirios. Vuelvo, corto el mango con cubierto de plata, cada bocado sabe a su saliva mezclada con mi flujo. Lola manda emojis de pollas, y cada rodaja en mi lengua revive la felación que le hice. Fotografía las rebanadas: ‘Mira, sí que pillo mis frutas’. Se la mando, colegas miran raro, pero paso de todo.

De vuelta al box open space de cristal, estoy nerviosa. Cruzo piernas, ajusto medias de seda, chupó el boli como si fuera su verga. Mi coño palpita, húmedo bajo la falda plisada. Colega me dice: ‘Ve a estirar las piernas’. Si supiera cómo quiero estirarlas alrededor de su cuello…

Necesito su polla joven. Instintivo. Sus ojos verdes, pelo suave. Se me escapa un gemido bajito. Como mi gata en celo, miau hasta que la follan.

Seis de la tarde. Huyo. Maquillo en el baño de mármol, labial rojo pasión. Remordimientos? Pa’ la puta. Quiero libertad, besos salvajes. En diez años, solo nietos y crepes.

En la plaza del hotel, él teclea en su MacBook bajo palmeras. Paso elegante, nada. Vuelvo, más cerca. Nada. Me siento: ‘¿Qué hora?’. Me besa con furia.

—No aquí, cabrón.

—Pasa delante, quiero ver ese culo de lujo.

Vicioso. Camino contoneando, siento su mirada y la de todos. Orgullosa, cachonda. Subimos escaleras, levanto falda a medio muslo. Sus pasos acelerados, respiración jadeante. Mi coño chorrea, lencería de encaje empapada.

El clímax brutal en la privacidad absoluta

En su suite penthouse, ventana panorámica a Madrid. Odor a Chanel y cuero. Desabrocho blusa, ofrezco tetas en balconette negro de La Perla. Me abraza, besa boca, mano en culo, otra en pelo. Lo empujo al king size. Se desnuda: polla tiesa, venosa, capullo brillante. Me encanta provocarla.

Me quito todo, tetas erguidas, coño abierto, labios hinchados entre vello negro recortado. Me mira hipnotizado. Me acerco, froto coño en su cara. Olfatea como lobo. Agarra caderas, mete lengua en mi raja. Lamida arriba-abajo, frenética, lenta. Se desvía, agarro cabeza: ‘Ahí, joder’. Respira mal, mentón chorreando mi melcocha. Tetas agitadas, grito: ‘¡Sí, cabrón!’. Chorree en su boca, espasmos brutales. Él eyacula en mi rodilla sin tocarse, lechada caliente como perrito.

Caigo de espaldas, coño expuesto, piernas abiertas, flujo goteando en sábanas de hilo 1000. Él atónito. Río: ‘Esa lámpara es fea de cojones’.

Quiere follarme, pero móvil suena. Siete, Monoprix antes de casa. ‘Mañana más’. Le quita mi tanga, salgo sin bragas. En pasillo oscuro, medias en baño turco, limpio coño palpitante.

En Monoprix, no me agacho, falda cubre mi coño al aire. Melón maduro, touffe expuesta bajo nailon fino.

Casa, cena rápida. Niños a cama. Marido ayuda platos, raro en él. Ve medias rotas: ‘Siéntate’. Las baja suave. Manos suben, toca coño húmedo, abierto.

—¿Sin bragas?

—Incidente en almuerzo… té mucho.

No insiste, acaricia clítoris hinchado. Lo pajeo lento. Entre lavavajillas y fregadero, dedo en labios: ‘Miel de primavera, umm’. Casi tierno. Secretos de élite.

Mañana, Lola en lobby.

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