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Mi polvo salvaje con Anna en la suite VIP del Mandarin Oriental

Estaba en la suite presidencial del Mandarin Oriental, Madrid. Ese sitio es puro vicio: sofás de cuero negro que huelen a rico, vistas a la Castellana, botella de Dom Pérignon enfriándose. Yo, vestida con un vestido de seda roja que se pega al cuerpo, tacones Louboutin. Anna, mi socia en este negocio turbio de importaciones exclusivas, llega con su traje chaqueta entallado, falda lápiz que marca su culo perfecto. Olor a su perfume Chanel, caro, embriagador.

Nos sentamos en la mesa de mármol, dossiers abiertos. Contratos de mercancía ‘especial’, ya sabes, chicas para fiestas VIP. Firmamos páginas, pero las miradas… uf. Sus ojos verdes clavados en mis tetas, que se marcan bajo la seda. Yo siento el calor subiendo, coño empezando a humedecerse. ‘Anna, este punto… ¿estás de acuerdo?’, digo, rozando su mano con la mía. Ella duda, ‘Sí… pero mira esto primero’, y su dedo pasa por mi piel, eléctrico.

La tensión sube entre dossiers y champagne

Champagne servido, burbujas en la lengua, dulce y frío. Brindamos por el deal, vasos chocan. ‘Eres una zorra ambiciosa’, me susurra, riendo bajito. Yo me muerdo el labio, ‘Tú tampoco te quedas atrás, preciosa’. La tensión es brutal, aire cargado. Cierro la puerta de la sala VIP con llave, el clic resuena. Ahora es nuestro. El espacio privado, solo nosotras, poder y deseo puro.

La empujo contra el sofá de cuero, crrr, ese sonido. Beso salvaje, lenguas enredadas, sabor a champagne y saliva. Le arranco la blusa, tetas firmes saltan, pezones duros como piedras. ‘Joder, Anna, qué tetas…’. Chupo uno, muerdo suave, ella gime ‘Ay… sí, muerde más’. Manos abajo, falda subida, tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’, le digo, meto dedos en su coño resbaladizo, caliente, apretado. Dos dedos, tres, la follo rápido, pulgar en el clítoris hinchado.

El clímax brutal en la privacidad absoluta

Ella me voltea, me pone a cuatro en el cuero, olor a piel y sexo. ‘Ahora te como yo, Colette’. Baja mi tanga de encaje, lengua en mi culo primero, lamida lenta, luego al coño. ‘¡Dios, qué sabor, tu chocho es adictivo!’. Me lame el clítoris como loca, chupando fuerte, dedos dentro follándome profundo. Grito ‘¡Fóllame con la lengua, zorra! Más adentro…’. Siento la ola venir, orgasmo brutal, chorro en su boca, ella traga riendo ‘Buena chica, moja todo’.

No para. Saca un strapon de su bolso –negocio VIP, siempre preparada–. Negrísimo, grueso. Me lo clava de golpe, ‘¡Toma polla, puta de lujo!’. Empuja fuerte, coño lleno, roza el punto G. Yo me corro otra vez, ‘¡Sí, rómpeme el coño!’. Ella jadea, follando sin piedad, sudor mezclado, tetas rebotando. ‘Me vengo… joder’, grita, simulacro perfecto, temblando.

Terminamos jadeando, cuerpos pegajosos. Duchita rápida en el baño de mármol, jabón olor a jazmín. Nos vestimos, peinamos, maquillaje perfecto. Volvemos a la mesa, firmamos los últimos contratos. ‘Perfecto, Anna. Buen negocio’, digo con sonrisa pro. Ella guiña ‘El mejor secreto de élite’. Bajamos al lobby, tacones clic-clac, como reinas. Nadie nota el rubor, el caminar un poco cojo. Nuestro polvo, nuestro poder. Adrenalina pura, exclusivo.

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