Ay, chicas, aún tengo el cuerpo temblando. Soy Julieta, esa española que vive entre jets privados y yates en Ibiza. El jueves pasado, después de que Roméo me plantara por esa Flora, su colega, decidí vengarme a lo grande. Organicé una fiestecita en el yate de un amigo, el ‘Lujo Eterno’, todo piel de lujo, cuero italiano oliendo a nuevo, champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Eloíse, mi compi de locuras, vino conmigo. Invité a Roger, Helmut, Boris, Ramón y Mustapha, mis tíos preferidos, todos con pinta de millonarios, músculos duros y pollas que prometen.
Estábamos en la cubierta superior, firmando unos contratos falsos de ‘negocios exclusivos’, pero las miradas… uf. Roger me rozaba la mano al pasar el boli, olor a su colonia cara mezclada con sal marina. ‘Julieta, este acuerdo va a ser… intenso’, dice Helmut con esa voz grave, ojos clavados en mis tetas bajo el vestido de seda negra. Eloíse se ríe, nerviosa, mordiéndose el labio. ‘Chicos, dejad los papeles, vamos abajo’, digo yo, bajando la voz. El yate se aleja de la costa, luces de Ibiza parpadeando, y cierro la puerta de la suite VIP. Espacio privado. Ya no hay contratos, solo piel caliente.
La Tensión que Enciende el Yate
De repente, todo explota. Boris me arrastra al sofá de cuero, me arranca el vestido. ‘Joder, Julieta, estás empapada’, gruñe mientras mete dos dedos en mi coño chorreante. Gimo fuerte, el cuero pegándose a mi culo sudoroso. Roger se saca la polla, gorda y venosa, y me la mete en la boca. Sabe a mar y a macho, la chupo hasta las pelotas, saliva goteando. Eloíse está con Ramón y Mustapha, uno lamiéndole el clítoris, el otro follándole la boca. ‘¡Ay, mi culo! Duele pero mola’, jadea ella, mientras Helmut la penetra por detrás, polla enorme abriéndole el ojete. Yo monto a Boris, su verga clavándose hasta el fondo, tetas rebotando, champán salpicando mi piel. Cambiamos, Ramón me folla a cuatro patas, pellizcándome los pezones. ‘¡Más fuerte, cabrón!’, grito. Mustapha eyacula en mi cara, leche caliente chorreando por mi barbilla, olor fuerte a sexo. Roger y Helmut me llenan el coño y el culo al mismo tiempo, doble penetración brutal, siento que me parten. Grito, sudo, el yate se mece con nuestros gemidos. Eloíse se corre a chorros, ‘¡No paréis, joder!’. Horas así, pollas entrando y saliendo, coños y culos destrozados, semen por todos lados.
De pronto, golpes en la puerta. ‘¡Julieta!’, grita Roméo. Abro desnuda, cubierta de lefa, Eloíse tirada exhausta. Él flipa, rojo de rabia. Los chicos salen uno a uno, ‘Buenas noches, socio’, dicen riendo. Roméo explota: ‘¡Puta de mierda!’. Pero yo, fría: ‘Mi coño, mis reglas’. Se calma, hablamos en la cubierta, viento salado en la piel. ‘Te quiero, perdóname’, susurra. Nos besamos, reconciliados. Eloíse duerme, pero yo la despierto con caricias suaves. ‘Solo un ratito…’, digo, lamiéndole el coño dulce de sudor y jugos. Ella gime, ‘¡Julieta, aaaah!’. Encuentro un dildo enorme en el cajón, se lo meto. Roméo entra, sonríe, me lo clava a mí por detrás mientras yo como a Eloíse. ‘Ahora sí, equipo perfecto’, ríe él. Nos corremos los tres, temblores, besos salados. Luego, volvemos al glamour: duchas de mármol, batas de seda, copas de champán. Como si nada. Nuestro secreto VIP, elite pura. Mañana, contratos reales. Pero esta noche… inolvidable.