Acababa de cenar en ese restaurante de Marbella, con vistas al mar, todo cristal y velas. El aire olía a jazmín y sal marina. Me paseo por la costa, la brisa de verano me roza la piel bajo el vestido de seda negra, ajustado, que marca mis curvas. Veo las luces del yate anclado, el de mi cliente, un magnate petrolero. Mañana firmamos contratos millonarios, pero esta noche… eh, ¿por qué no? Subo a bordo, el mayordomo me saluda con una copa de Dom Pérignon frío, burbujas que pinchan en la lengua.
En la suite principal, sofás de cuero italiano que crujen suave, olor a madera pulida y cigarros cubanos. Están ellos dos: Javier, el jefe, cincuentón atlético, traje Armani; y su socio, Miguel, moreno, ojos que queman. Repasamos dossiers sobre la mesa de mármol, cifras locas, pero las miradas… uf, se cruzan con las mías. Él roza mi mano al pasar una página, siento el calor. Brindamos, el champán baja dulce por la garganta. ‘Eres irresistible, Carmen’, dice Javier, voz grave. La tensión crece, aire cargado. Miguel se acerca, su perfume caro me envuelve. ‘Vamos al jacuzzi privado arriba, para… relajar’, propone. Sonrío, el espacio VIP se cierra, puerta discreta, solo nosotros.
La tensión sube en la suite del yate
Bajo el chorro caliente de la ducha doble, vapor sube, olor a jabón de sándalo. Javier ya tiene la polla tiesa, Miguel la jabona despacio, gimiendo bajito. Ella… yo los miro, mi coño palpita. Me quito la toalla, agua tibia resbala por mis tetas duras. Me toco suave la concha, pezones pinchados. Javier me ve, guiña: ‘Ven, guapa’. Me pego a ellos, beso a Miguel, lengua jugosa. Su mano libre agarra mi polla… no, mi clítoris hinchado, me masturba lento.
Me arrodillo, agua cayendo, agarro la verga gruesa de Javier, venosa, le mamo el capullo salado. ‘Sí, chúpala como puta’, gruñe. Miguel me dobla, dedos enjabonados en mi culo, rozan el ano. ‘¿Quieres que te abra?’, susurra. Asiento, me corvo. Su dedo mayor entra suave, savia resbaladiza, toca próstata… mi punto G interno, descargas al coño. Gimo con la boca llena, trago saliva y precum. Cambio, mamo a Miguel, bolas peludas en la lengua, mientras Javier me mete dos dedos, me folla el culo lento.
El desmadre total en la zona privada
Me levanto jadeando, ‘Folladme ya’. Nos movemos al sauna contiguo, madera caliente, sudor perla piel. Un tipo más entra, invitado discreto del yate, polla larga. Me tumban en el banco, Javier me abre piernas, lame mi coño chorreante, olor almizclado. Miguel empuja su polla en mi boca, profunda, garganta apretada. El nuevo me dobla el culo, capota puesta, escupe: ‘Te voy a reventar el ojete’. Empuja, duele rico, lleno. ‘¡Joder, qué prieto!’, gime. Me folla fuerte, cachetazos en nalgas rojas.
Gritos míos, ‘¡Más, rómpeme el culo!’. Javier se pone delante, me la mete en coño, doble penetración, estirada al límite. Sudor gotea, calor asfixia, placer explota. El otro se asturba viéndonos, ‘Qué puta de élite’. Cambio posiciones, a cuatro, Miguel en culo ahora, polla gorda raspa paredes. Javier en boca, follo con lengua. Dedos en mi clítoris, orgasmo sube. Gimen, ‘Me corro…’. Chorros calientes en capotas, luego sacan, semen en mi piel, tetas, vientre pegajoso. Me corro yo, squirt en el banco, piernas temblando.
Se retiran, risas. Agua fría en duchas, nos limpiamos. Vuelta a la suite, trajes puestos, champán nuevo. ‘Buen negocio mañana’, dice Javier, guiño. Apariencias intactas, contratos firmados al día siguiente. Secreto nuestro, élite pura. Aún siento el culo abierto, olor a sexo en la piel. Volveré por más.