You are currently viewing Mi Noche Prohibida en el Yate Privado: Polla Dura y Culo en Llamas
Samsung

Mi Noche Prohibida en el Yate Privado: Polla Dura y Culo en Llamas

Uf, acabo de bajar del yate de Javier, ese tiburón de los negocios. Anclado frente a la Costa Brava, todo brilla: madera pulida, olor a sal marina mezclado con cuero italiano de los asientos. Yo, con mi vestido de seda negro ceñido a mis curvas –tetas firmes, culo redondo que vuelve locos–, charlaba con él de contratos millonarios. Él, alto, traje a medida, ojos que me desnudan.

Champagne Dom Pérignon en copas frías, burbujas picando en la lengua. ‘Firma aquí, Isabella’, dice, rozando mi mano. Su dedo se demora… yo sonrío, cruzo las piernas, el roce de la seda en mi piel erizada. El sol se pone, luces LED parpadean, la tripulación discreta se aleja. Miradas que queman. ‘¿Subimos a la suite?’, murmura, voz ronca. Asiento, corazón latiendo fuerte. La puerta se cierra, clic. Ahora somos solos en este palacio flotante.

La Tensión en la Terraza del Yate

Adentro, aire acondicionado fresco, cama king size con sábanas de hilo egipcio. Él me empuja contra la pared de cristal, vistas al mar negro. Sus labios en mi cuello, mordiendo suave. ‘Joder, qué ganas tenía’, gruñe. Le arranco la camisa, huelo su colonia cara, piel caliente. Mi mano baja, palpo su polla tiesa bajo el pantalón. Dura como piedra. ‘Quítatelo todo’, ordeno, voz temblorosa de excitación.

Desnuda ya, tetas al aire, pezones duros. Él se baja los boxers, polla gorda, venosa, cabezota roja brillando. Me arrodillo en la alfombra mullida, la engullo de un trago. Sabe a hombre, a pre-semen salado. Chupo fuerte, lengua girando en el glande, bolas en mi mano, pesadas. ‘Mmmm, cabrona… así’, gime él, agarrándome el pelo. Le meto un dedo en el culo, masajeando la próstata. Se pone como loco, folla mi boca, hasta la garganta. Lágrimas en mis ojos, pero sigo, tragando saliva y su jugo.

El Follón Brutal en la Suite Privada

Me tira en la cama, piernas abiertas. Mi coño depilado, húmedo, labios hinchados. ‘Mira qué chorreante’, dice, oliéndome. Lengua plana lamiendo desde el ano hasta el clítoris. Pequeño, hinchado, lo succiona. ‘¡Aaaah!’, grito, uñas en su espalda. Dos dedos en mi chocho, chapoteando, otros en mi culo apretado. Me corro ya, chorros calientes en su cara. Él lame todo, bestia.

‘Ahora fóllame’, suplico. Polla en mi entrada, resbala, entra de golpe. Estrecho, me llena hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta!’, jadea, embistiendo. Clavadas mis piernas en sus hombros, polla martilleando mi matriz. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Cambio: a cuatro patas, culo en pompa. ‘Dame por atrás’. Me azota las nalgas, rojas. Polla en mi coño, sacando crema blanca. Luego, ‘¿Quieres en el culo?’. ‘Sí, rómpemelo’. Escupe, empuja. Duele al principio, ‘Espera… aaaah’. Entra, centímetro a centímetro, ano dilatado. Folla salvaje, bolas golpeando mi clítoris. Mano bajo, me masturba el chocho. ‘¡Me corro! ¡Lléname el culo de leche!’. Él ruge, chorros calientes en mis entrañas. Temblo, orgasmo brutal, ano palpitando.

Caemos exhaustos, pieles pegajosas. Besos lentos, risas. ‘Eres una diosa del sexo’, dice. Ducha rápida: jabón caro, sus manos en mis tetas. Vestidos impecables, volvemos a la terraza. Champagne nuevo, charlando negocios como si nada. Sonrisas cómplices, miradas que prometen más. La élite guarda secretos así: lujo por fuera, fuego por dentro. Nadie sospecha mi culo aún dolorido bajo el vestido. Prestigio, poder… y esta polla que no olvidaré.

Leave a Reply