Estaba en ese yate privado anclado en la Costa Azul, eh… el aire olía a sal y a cuero nuevo de los asientos. Champagne Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal, frío y dulce en la lengua. Yo, vestida con un vestido de seda negro que se pegaba a mis curvas, tetas firmes asomando justo lo suficiente. Él, el magnate, con su traje Armani impecable, revisando contratos en la mesa de caoba. Nuestros ojos se cruzaban… uf, esa mirada hambrienta. ‘Firma aquí, cariño’, le dije, rozando su mano con la mía. El calor subía, el sol se ponía tiñendo todo de rojo. Los invitados se fueron, y de repente, el espacio VIP se volvió nuestro. Cerró la puerta de la suite principal, olor a su colonia cara mezclada con deseo.
Sus manos en mi cintura, tirando de la seda… ‘Te quiero follar ya’, murmuró con voz ronca. Yo, jadeando, ‘Sí, dame esa polla dura que se nota en tus pantalones’. Se la sacó, gruesa, venosa, palpitando. La agarré, piel caliente, pre-semen brillando en la punta. Me arrodillé en la alfombra persa, suave bajo las rodillas. La chupé profundo, lengua alrededor del glande, mamando como una puta en calor. ‘Joder, qué boca’, gruñó él, agarrándome el pelo. Saliva goteando, bolas pesadas en mi mano. Me levantó, rompió mi tanga de encaje, dedo en mi coño ya empapado. ‘Estás chorreando, zorra’. Me tumbó en la cama king size, sábanas de satén frío contra mi piel ardiente.
La Tensión en la Cubierta VIP
Entró de golpe, polla llenándome hasta el fondo. ‘¡Ay, coño, qué grande!’, grité, uñas en su espalda. Follando duro, embestidas salvajes, cama crujiendo. Mis tetas botando, pezones duros rozando su pecho. Cambiamos, yo encima, cabalgando esa verga como una loca, clítoris frotando su pubis. ‘Más fuerte, rómpeme el coño’, le supliqué. Sudor salado en su cuello, gusto a champagne en su boca cuando nos besamos. Me dio la vuelta, a cuatro patas, nalgadas resonando, polla en mi culo ahora, lubricado con mi propio jugo. ‘¡Sí, fóllame el ojete, joder!’. Gemí alto, orgasmo explotando, coño contrayéndose vacío mientras él me llenaba el trasero de leche caliente, chorros espesos goteando.
Agotados, eh… nos duchamos en la suite de mármol, agua caliente lavando el semen de mis muslos. Él ajustó su corbata, yo me puse el vestido, maquillaje perfecto de nuevo. ‘Nuestro secreto, reina’, dijo con guiño, sirviendo más champagne. Bajamos a la cubierta como si nada, sonrisas elegantes, brindando con los últimos invitados. Ese poder, esa exclusividad… me pone cachonda solo recordarlo. Nadie sabe lo que pasó en esa cabina, pero su mirada me dice que repetiremos pronto.