Mi noche prohibida en el lounge VIP del yate privado

Estaba en el lounge VIP de ese yate anclado en Ibiza, el aire cargado de sal marina y el olor a cuero nuevo de los sofás italianos. Yo, sirviendo copas de Dom Pérignon a los peces gordos que cerraban tratos millonarios. Él, Javier, el último en quedarse, revisando contratos sobre la mesa de mármol, su mirada clavada en mí cada vez que pasaba. ‘Ati, ¿otra copa?’, murmuró, su voz ronca por el whisky. Asentí, rozando su mano al servir, el cristal frío contra mi piel bronceada.

La tripulación ya se había largado, el yate vacío salvo por nosotros. Él cerró el último dossier, el clic del bolígrafo rompiendo el silencio. ‘Este sitio se siente solo sin ti’, dijo, levantándose despacio. Mi corazón latía fuerte, el vestido de seda negra pegado a mis curvas por el calor húmedo. Me acerqué, sentándome frente a él en el sofá estrecho, nuestras rodillas tocándose. ‘Javier, yo… no sé cómo decirlo, pero desde que te vi, mi cama está fría’. Él tomó mi mano, su palma cálida, áspera de poder. Nuestros frentes se juntaron, respirando el mismo aire con aroma a champagne y deseo.

La tensión sube en el salón privado

Intenté retroceder cuando sus labios rozaron los míos, pero no. El beso fue fuego, su lengua invadiendo mi boca, saboreando el dulce del Moët. Cerró la puerta del lounge con el pie, y sus manos… dios, una subió a mis tetas, apretando los pezones duros bajo la seda, la otra bajó a mi culo, amasándolo. Yo gemí, desabrochándole el cinturón, tirando de su pantalón. Su polla saltó dura, venosa, palpitando. La agarré, chupándola lento, sintiendo cada vena hincharse en mi boca, el sabor salado de su pre-semen.

Él metió la mano bajo mi tanga, ‘Estás empapada, puta’, gruñó, frotando mi clítoris hinchado. Dos dedos en mi coño chorreante, luego al ano, lubricándolo con mis jugos. Me corrí gimiendo con su polla en la garganta. Me desnudó rápido, yo a él, piel contra piel sudorosa. Lo tumbé en el sofá de cuero crujiente, montándolo. Su verga caliente llenándome el coño, ondulando las caderas, follando fuerte. ‘¡Más, joder!’, jadeaba, mis tetas rebotando, él pellizcándolas.

El clímax brutal y el regreso a la normalidad

Me corrí gritando, él eyaculando dentro, semen caliente inundándome. No paró, me giró, lamiendo mi coño, sorbiendo mi néctar mezclado con su leche. Luego su lengua en mi culo, abriéndome. ‘Quiero tu polla ahí’, susurré febril. Nunca lo había hecho anal con un desconocido, pero la adrenalina del yate vacío… Él escupió, metiendo un dedo, dos, luego su polla gruesa. Dolor-placer, empujando despacio, yo masturbándome el clítoris. ‘¡Fóllame el culo, papi!’, gemí. Aceleró, dedos en mi coño, doble penetración. Explotamos juntos, su corrida llenando mi ano, yo temblando en orgasmo brutal.

Jadeantes, nos vestimos. ‘Vuelve mañana, pero como si nada’, dije sonriendo, ajustando mi vestido. Él asintió, besándome la mano. Salimos al pasillo iluminado tenuemente, el yate zumbando suave. Apariencias intactas, nuestro secreto elite flotando en el aire salino. Esa noche no dormí, recordando su polla en mí, el lujo y el vicio puro.

Leave a Reply