You are currently viewing Mi noche salvaje en el yate VIP: un polvo inolvidable

Mi noche salvaje en el yate VIP: un polvo inolvidable

Acabo de bajarme de ese yate… Dios, aún me tiemblan las piernas. Era un club exclusivo flotante, solo para la élite. Mi novio, ese cabrón con pasta, me llevó para cerrar unos contratos millonarios. Vestida con un vestido de seda negro que se pegaba a mis curvas, tanga mínima y tacones Louboutin. Él, impecable en traje Armani, oliendo a colonia cara y poder.

Subimos al yate al atardecer. El sol teñía el mar de oro, el cuero de los asientos crujía suave bajo mi culo, y el champagne Dom Pérignon burbujeaba en copas frías. Alrededor, otros VIP: ejecutivos con relojes Rolex, mujeres con joyas que valían fortunas. Firmamos papeles en la sala de conferencias panorámica, pero las miradas… uf, las miradas lo decían todo. Él me rozaba la mano bajo la mesa, yo sentía su polla endureciéndose contra mi muslo. ‘Cariño, estate quieta’, me susurró, pero sus ojos gritaban ‘te voy a follar ya’.

El yate de lujo y la tensión que enciende todo

La tensión subía como la marea. Olor a sal marina mezclado con cuero nuevo y perfume Chanel. Un roce accidental en el pasillo, su mano bajando por mi espalda hasta el culo. ‘Para, joder’, le dije riendo bajito, pero abrí las piernas un poco. Los contratos firmados, el grupo brindó. ‘Vamos a la suite privada’, me dijo él, guiñándome. El espacio VIP se cerró detrás de nosotros: puerta blindada, cama king size con sábanas de hilo egipcio, jacuzzi burbujeante. Ya éramos solos, pero sabíamos que los cristales eran espejos para los curiosos de al lado.

Me tiró sobre la cama, el vestido voló. ‘Quítate esa tanga, puta’, gruñó. Me abrí de piernas, mi coño ya empapado brillando. Hundió la cara entre mis muslos, lamiendo como un loco. Su lengua en mi clítoris, chupando fuerte, mordisqueando. ‘¡Joder, sí! Come mi coño’, gemí arqueándome. Oía sus bolas pesadas contra la sábana, su polla tiesa como una barra. Dos dedos dentro, follando mi humedad, salpicando jugos en su barbilla. Yo tiraba de su pelo: ‘¡Fóllame ya, cabrón!’.

El polvo brutal y el regreso fingido

Se puso de pie, polla gorda y venosa apuntando. Me la metí en la boca primero, mamando hasta la garganta, saliva chorreando. ‘Qué buena chupapollas eres’, jadeó. Luego, me puso a cuatro patas, frente al espejo. ‘Mira cómo te abro el coño’. Embistió de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Aaaah! Duele rico’, grité. Me taladraba, pellizcando mis tetas, pellizcos que ardían. ‘Grita más, que te oigan estos ricos de mierda’. Cambié a misionero, piernas en sus hombros, coño destrozado, chapoteando. ‘¡Sí, fóllame como a una zorra!’.

‘Ahora el culo, perra’. Escupió en mi ano, lubricando con mis jugos. Empujó lento, la cabeza abriendo mi agujero. ‘¡Meeeerde, qué grueso!’. Entró todo, bolas contra mi coño. Me enculeó brutal, cachetazos en las nalgas rojas. ‘Toma, puta de élite, te reviento el culo’. Yo: ‘¡Más fuerte! ¡Destrózamelo!’. El placer-dolor me volvía loca, temblando, corriéndome a chorros mientras él rugía y llenaba mi culo de leche caliente. Nos derrumbamos, sudados, oliendo a sexo puro.

Minutos después, vuelta al salón VIP. Él ajustándose la corbata, yo peinándome con una sonrisa falsa. Champagne en mano, charlando de negocios como si nada. Nuestros ojos se cruzaron: secreto compartido, esa complicidad sucia. Los otros sospechaban, pero fingimos. Bajamos del yate, piernas flojas, pero con esa adrenalina de poder. Mañana, más contratos… y quién sabe qué más.

Leave a Reply