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Mi noche salvaje en el yate privado: mi marido, su socio y yo

Ay, chicas, acabo de bajar del yate de mi marido. Todavía huelo a mar y a cuero caro. Yo, Lucía, 42 años, rubia con ojos verdes que vuelven locos a los tíos. Mi matrimonio con Javier, 49, lleva 15 años de lujo puro: jets, clubes exclusivos, todo eso. Pero en la cama, yo era de las clásicas. Mamadas sí, pero ni de coña el culo ni tríos. Javier siempre me picaba con su fantasía de verme con otro, y yo: ‘Ni lo sueñes, amor’. Hasta anoche…

Estábamos en su yate privado, anclado frente a Ibiza. Cena VIP con su socio, Carlos, 50 años, viudo, cuerpo de gimnasio, traje a medida que le marca el paquete. Firmamos contratos millonarios en la mesa de caoba, champán Dom Pérignon que sabe a burbujas de oro, olor a sal y a su colonia fuerte. Yo iba de infarto: blusa blanca semitransparente, sujetador de encaje, minifalda negra cortísima, lencería a juego, ligueros que suben por muslos suaves. Nos reímos de anécdotas de negocios, pero notaba las miradas. Carlos devorando mis piernas cruzadas, Javier sonriendo pícaro.

La tensión sube en la cubierta VIP

La noche avanzó, yo me quedé dormida en el hombro de Javier en el sofá de cuero blanco de la cubierta privada. El viento suave, estrellas arriba. Mi brazo colgando, mano cerca de mi teta izquierda. Javier charlaba con Carlos, pero pillé el vistazo de él a mis muslos. La falda se había subido un poco, mostrando el borde de los ligueros. Hmmm… el cuero fresco contra mi piel. Javier no dijo nada, pero se movió para que me estirara más, dejando ver esa tira blanca de mi tanga diminuto.

Él empezó a acariciarme la teta por encima de la blusa. Nada. Yo fingía dormir, el corazón latiendo fuerte. Él desabrochó botones, metió la mano en el sujetador, sacó mi pezón duro. Carlos calló, polla tiesa en el pantalón. Javier abrió más la blusa, me mostró entera. Susurré: ‘Pequeño cabrón…’. Él me besó: ‘Te quiero, preciosa’. Abrí la boca, lengua con lengua, salado del champán. Mientras, él levantó la falda, yo me alcé un poco, tanga al lado. Dedos en mi coño… ya estaba mojada, hinchada. Gemí bajito.

Javier miró a Carlos: ‘Quítate la ropa’. Carlos desnudo, polla gorda, venosa, lista. Yo ojos cerrados, Javier me lamió el clítoris, yo chorreando. Él acercó la cabeza de Carlos a mis labios. Me eché atrás un segundo… pero Javier firme, presionó mi nuca. Labios abiertos, glande salado en mi boca. Resistí… luego mamé. Centímetro a centímetro, su polla llenándome la garganta. Magia. Abrí ojos, lengua lamiendo hambruna, huevos peludos. Javier me desnudó del todo, yo le chupé a él, alternando pollas. Manos en tetas, espejo del yate reflejando todo: yo puta total.

El clímax brutal y sin límites

‘ Fóllala, Carlos’, dijo Javier. Él entre mis piernas, yo mirándolo fijo, mano apretada en la de Javier. La punta rozó mi coño empapado… entró despacio, estirándome. Hasta el fondo, pelos pubicos juntándose. Inmóvil un rato, yo gimiendo. Empecé a mamar a Javier con furia, Carlos me taladró, orgasmo brutal, piernas temblando.

Carlos se tumbó, yo me subí a su polla, cabalgando, tetas botando, él mamándolas. Javier detrás, presionó mi culo. Siempre lo negué… pero anoche: ‘Sí, métemela’. Vaselina del bolso VIP, glande en ano virgen. Milímetro a milímetro, duele rico, hasta huevos contra nalgas. Me moví, sintiendo las dos pollas frotándose dentro, pared fina. Follando como animales: ‘¡Más fuerte, joder! ¡Me corro!’ Gritando, ellos eyaculando dentro, leche caliente llenándome coño y culo. Orgasmo triple, cuerpo convulsionando.

Ducha rápida en el baño de mármol, nos vestimos. Champán otra ronda, risas sobre negocios. Carlos se fue en helicóptero al amanecer, no sin una última follada anal grabada en móvil de Javier. Ahora miro fotos: yo con semen en cara y tetas. Secreto de élite. Mañana, más contratos… pero ya nada es igual.

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