Estaba en el yate privado del club, ese monstruo de 50 metros anclado en la bahía de Marbella. Cuero italiano en los sofás, olor a sal marina mezclado con Chanel No. 5. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que pinchan la lengua. Yo, con mi vestido de seda negra ceñido, tetas altas gracias al Wonderbra. Kristel, la nueva, rubia perfecta, ojos verdes que hipnotizan. Llegó esa tarde, fresca, como una virgen en oferta VIP.
Hablábamos de contratos, multimillonarios deals en la mesa de caoba. Michèle, mi amante morena, con piernas cruzadas, rozaba mi muslo bajo la mesa. ‘Firma aquí, cariño’, le digo a Kristel, pero mis ojos bajan a su escote. Ella se muerde el labio, duda. ‘¿Segura que es solo negocio?’, susurra, voz temblorosa. Brigitte y Alexandra ríen bajito, aire cargado. El sol se pone, luces LED suaves. Cerramos la puerta del salón VIP. Ahora es nuestro. Privado. Solo nosotras, desnudas de prejuicios.
La tensión sube en el yate de lujo
La seda cae al suelo, susurro de lujo. Kristel se quita el tanga rosa, coñito depilado brillando. ‘Huele a ti’, dice Michèle, oliendo la tela húmeda. Yo la beso, lengua profunda, saliva dulce como el champán. Brigitte se une, tres lenguas enredadas, gemidos ahogados. Kristel duda, ‘¿Puedo…?’, y Michèle la envuelve en una toalla gigante de cachemira, regalo de Catherine, ausente en Dubai. ‘Siente su esencia’, le dice. Kristel se frota los pechos con ella, pezones duros, luego el coño. ‘No es agua, Annette, es mi jugo’, me pone la toalla en la nariz. Olor almizclado, adictivo, me moja al instante.
La tiro al suelo, cuero cálido bajo nosotras. Kristel abre las piernas, coño rosado palpitando. ‘Lámemelo’, suplica. Me hundo, lengua en su clítoris hinchado, sabor salado y dulce. Ella gime, ‘¡Joder, sí!’. Michèle le chupa las tetas, mordisquea. Yo meto dos dedos en su chocho apretado, chorreando. ‘¡Más profundo!’, grita. Brigitte cabalga la cara de Alexandra, ‘Come mi culo, zorra’. Alexandra lame ansiosa, lengua en el ano, ‘Me scie el string, pero tu lengua… uf’. Cambiamos, Kristel folla mi coño con la toalla enrollada, frotando clítoris contra clítoris. Sudor, gemidos, olor a sexo en el aire. Michèle la penetra con tres dedos, ‘¡Córrete, puta mía!’. Explosión, squirt en el cuero, yo lamo todo.
El clímax brutal y sin filtros
De repente, timbre. Seguridad. Abro envuelta en la toalla. Camille, nuestra amiga en uniforme VIP, y Alice, la novata. ‘Todo bien, señoras?’, dice Camille riendo. Nuestras tetas asoman, ellas miran. ‘Relájense con nosotras’, invita Michèle. Alice se sonroja, pero ojos en Kristel. ‘Otro día, chicas’, dice Camille. Se van, secreto sellado.
Nos vestimos, seda otra vez sobre piel pegajosa. Copas de champán, risas. ‘Como si nada’, digo. Besos castos en la cubierta. Michèle se lleva a Kristel a su penthouse. Yo conduzco mi Ferrari, coño aún palpitando. Mañana, negocios. Pero este pacto élite… inolvidable. Alice vendrá, lo sé.