You are currently viewing Mi noche salvaje en el yate privado de Ibiza

Mi noche salvaje en el yate privado de Ibiza

Hola, soy Carla, una madrileña de 48 años que vive entre jets privados y cenas en rooftops. Adoro el lujo, ese olor a cuero nuevo en los asientos del yate, el fizz del champagne Dom Pérignon en la lengua. Esta vez, estábamos en Ibiza, mi marido Paolo y yo, celebrando un contrato millonario con inversores. Pero la noche se torció… deliciosamente.

El yate era una bestia: 50 metros, cubierta infinita con jacuzzi burbujeante. Paolo fumaba un puro, hablando números con los peces gordos. Yo, en bikini de seda negra, piel bronceada de tantas escapadas naturistas, notaba las miradas. Javier, el capitán senior, unos 45, barba recortada, cuerpo fornido de marino curtido. Y el joven, Miguel, 25, músculos esculpidos, sonrisa pícara, ojos que devoraban.

La tensión sube en la cubierta VIP

Servían cócteles. El aire salado se mezclaba con mi perfume Chanel. Me acerqué al bar, roce accidental con Javier. ‘¿Todo bien, señora?’, murmuró, voz grave. Su mano rozó mi cintura. Paolo reía lejos, distraído. La tensión crecía. Miradas cruzadas mientras firmábamos papeles. Miguel vertía hielo, gotas frías en mi piel caliente. ‘Hace calor esta noche, ¿no?’, dije, mordiéndome el labio. Ellos asintieron, pollas ya medio duras bajo los pantalones blancos.

Paolo se fue a la suite principal, cansado del jet lag. ‘Id a relajaros’, dijo. Perfecto. Bajé a la zona VIP privada, luces tenues, sofás de terciopelo. Golpeé la puerta de su camarote. ‘¿Puedo entrar? No duermo’. Javier abrió, olor a aftershave y sudor masculino. Miguel detrás, camiseta ajustada. Entré, nuisette de seda transparente pegada al cuerpo. Sin bragas, coño rasurado palpitando.

‘Vuestro marido duerme como un tronco’, solté. Se rieron. Me senté entre ellos, piernas cruzadas, mostrando el triángulo depilado. Javier me tocó el muslo. ‘Estás ardiendo’. Beso. Lenguas. Manos en mis tetas firmes, pezones duros como diamantes. Me quité la nuisette. Desnuda, piel mate brillando bajo la luna que entraba por la claraboya.

Javier sacó su polla gorda, venosa, de capitán experimentado. Miguel, larga, recta, joven y tiesa. Me arrodillé. Chupé primero a Javier, lengua en el glande salado, bolas pesadas en la boca. ‘Joder, qué puta refinada’, gruñó. Cambié a Miguel, garganta profunda, arcadas suaves, saliva goteando. Ellos se tocaban mirándome. Dedos en mi coño empapado, clítoris hinchado.

El éxtasis sin límites en la suite privada

Miguel puso condón, me puso a cuatro patas contra la pared de cuero. Me folló salvaje, cachetadas en el culo, ‘¡Toma, zorra VIP!’. Entraba hasta el fondo, coño chorreando. Javier en mi boca, polla trapuda ahogándome. Gemí: ‘¡Más, cabrones!’. Cambiaron. Javier me montó lento, profundo, sabiendo follar a una dama como yo. Lengüetazo en mi ano, dedo dentro, preparándome.

‘Quiero el sándwich’, jadeé. Javier debajo, polla en coño. Miguel en el culo, virgen para él. Dolor-placer. Gritaba: ‘¡Sí, joder, rellenadme!’. Empujones alternos, sudor, olor a sexo crudo. Orgasmo brutal, piernas temblando, chorros de jugo por muslos. Ellos no pararon, martilleando agujeros.

A rodillas, pajero los dos. ‘Córreos en mi cara’. Miguel primero, leche caliente en mejillas, pelo. Javier después, chorros en tetas, boca abierta tragando. Exhausta, tumbada entre ellos, cuerpos pegajosos.

‘Extra para clientas selectas’, bromeó Javier. Risitas. Me limpié con toallas Frette, besos suaves. ‘Gracias, chicos. Mum’s the word’. Nuida de nuevo, salí fumando un cigarro mentolado en cubierta, coño y culo abiertos, brisa fría en piel pegajosa. Paolo roncaba. Sonreí: secreto elite. Mañana, contratos firmados, como si nada.

Leave a Reply