You are currently viewing Mi noche salvaje en el yate privado: dominada por la hostess ardiente

Mi noche salvaje en el yate privado: dominada por la hostess ardiente

Acabo de bajar del yate de Ricardo, mi amante secreto, ese tiburón de los negocios con yates y jets privados. Dios, el olor a cuero nuevo en la cubierta superior me pone cachonda solo de recordarlo. Estábamos cerrando un contrato millonario para una exclusiva de vinos en su club VIP de Marbella. Yo, Sofía, la española que negocia con clase pero folla sin frenos. Él, con su traje Armani ajustado, oliendo a colonia cara y poder.

Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas picando en la lengua, salada como mi excitación. Firmamos papeles entre miradas que queman. ‘Sofía, este contrato nos une más’, me dice con voz ronca, rozando mi muslo bajo la mesa de caoba. Yo sonrío, piernas cruzadas en mi falda de seda italiana, sintiendo cómo mi coño palpita. La hostess, Carmen, esa morena tetona con curvas de infarto, piel bronceada y ojos verdes que matan, nos sirve más copa. Mini falda de cuero negro, top escotado, tacones que claquean. La noto mirándonos, ceja arqueada.

La tensión sube en la cubierta de lujo

De repente, mi móvil vibra. Un email de Ricardo: ‘Sofía, te echo de menos. Me he pajeado dos veces pensando en tu coño jugoso, quiero lamerte el culo y oírte gemir mientras te follo’. ¡Joder! Pero el destinatario… ‘Sofía.SA***@clubvip.com’. No soy yo. Es ella, Carmen Sa***, la reina del servicio en el club, con el mismo nombre que yo al principio. Error de autocorrector. Mi corazón late fuerte, el aire se carga de electricidad.

Ricardo palidece. ‘Mierda, Sofía, era para ti… pero se coló’. Llamo a su suite privada abajo, el yate es nuestro mundo exclusivo ahora. Bajamos, olor a jazmín y mar, luces tenues en la cabina de lujo. Ella está ahí, sentada en el sofá de terciopelo rojo, piernas cruzadas, sonrisa maliciosa. ‘Hola, parejita. ¿Queréis ver lo que recibí?’

La tensión explota. ‘Carmen, fue un error’, balbucea Ricardo. Ella se ríe, vulgar y sexy. ‘Error de polla, querrás decir. ¿Sabes lo que me prometiste el año pasado? Ser la jefa de hostesses aquí en tu imperio flotante. Me follaste el culo con aceite de oliva en la cocina, me chupaste mientras hablabas con tu mujer por teléfono… y luego, nada. Me jodiste el CV delante de Recursos Humanos, riéndote con esa estirada’.

El clímax brutal y el secreto compartido

Se levanta, furiosa, tetas rebotando. Saca un arnés del bolso, un consolador enorme, real como una verga gorda. ‘Desnúdate y arrodíllate en el sofá, Ricardo. Tú, Sofía, la culona de lujo, ven a prepararle el culo’. Humillada pero mojada, obedezco. El cuero del sofá cruje bajo mis rodillas. Le abro las nalgas a Ricardo, huelo su sudor masculino mezclado con colonia. Escupo en su ano apretado, lamo despacio, lengua girando, saboreando su piel salada. ‘Así, guarra, moja bien ese culito de jefe’, gime ella, metiendo dedos en mi tanga empapada. ‘¡Joder, estás chorreando, puta de élite!’.

Me agarra del pelo, mete el consolador en mi boca. ‘Chúpalo, hazlo baboso o le reviento el ojete’. Lo mamo, babeando, garganta profunda hasta las arcadas. Luego guía su polla falsa a su culo. Empuja lento, él grita de dolor, pero su verga se pone dura como piedra. ‘Mira, Sofía, le encanta que le follen la próstata. ¡Dilo, cabrón!’. Yo acaricio su polla tiesa, venosa, pre-semen salado en mi palma.

Ella se sienta, lo obliga a empalarse de espaldas, gimiendo como una perra. Yo me arrodillo, se la chupo entera, bolas en la mano apretando. ‘Sí, chúpale la leche mientras te miro follarle el culo’, ordena. Él eyacula en mi boca, chorros calientes, espeso, lo trago todo, gusto a poder roto. Olor a sexo crudo, sudor, semen en el aire lujoso.

Luego, calma. Ella se viste, falda de cuero subiendo por sus nalgas firmes que toco al ayudarla. ‘Venganza cumplida, pero grabé todo en 4K. Si dais el puesto, se queda entre nosotros. Si no… YouPorn VIP’. Ricardo asiente, traje arrugado. Yo arreglo mi maquillaje en el espejo dorado, labios hinchados. Subimos a cubierta, champagne otra vez, sonrisas falsas. ‘Salud, por contratos cerrados’, dice él. Ella sirve, guiño cómplice. Secreto de élite, como si nada. Pero mi coño aún palpita.

Leave a Reply