Estábamos en nuestro yate privado, anclado en la bahía de Ibiza. El sol se ponía, tiñendo el mar de oro. Mi marido, ese cabrón adinerado, me miró con esa sonrisa pícara. ‘Hoy elijo yo tu polla, amor’, me dijo, sirviéndome una copa de Dom Pérignon. El burbujeo fresco en mi lengua, el olor salino mezclado con su colonia cara. Eh… me intimidaba, pero el vértigo del poder me ponía cachonda.
Revisamos los dossiers en su tablet. Perfiles VIP: ejecutivos, modelos, todos con fotos de pollas duras y promesas de discreción. Él pasaba páginas, sonriendo ante las locuras. ‘Este… no, demasiado vainilla’. Yo cruzaba las piernas, sintiendo mi coño humedecerse bajo el bikini de seda. Sus ojos en los míos, tensión eléctrica. Finalmente, señaló uno. ‘Él. Mañana en la suite principal’. Mi pulso se aceleró. ‘Quiere que esté completamente depilada’. ‘Yo me encargo, preciosa’, murmuró, besándome el cuello.
La tensión en la cubierta VIP y el ritual privado
Al día siguiente, en la cabina de mármol y cuero, me metí en la bañera de hidromasaje. Agua caliente, espuma perfumada a jazmín. Él entró, rasoir en mano. ‘Relájate’. Sus dedos untaron jabón cremoso en mi monte de Venus. Pasada suave arriba, abajo… tan tierno, tan jodidamente sensual. ‘¿Algún pelito?’ Sus yemas resbalaban, rozando mis labios mayores. Me encendió el coño, pero me dejó así, palpitando. ‘Vístete sexy. Llega en lancha’. Preparó la cámara oculta en el techo, conectada a su portátil en la sala de proyecciones. Hicimos una prueba rápida: me folló contra las sábanas de hilo egipcio. Olor a sexo y cuero. Bajamos a ver el video. Él con la polla tiesa, yo mojada de nuevo. ‘Perfecto para mañana’.
La cubierta VIP se vació. Puertas cerradas, privacidad absoluta. Llegó él, traje impecable, ojos negros devoradores. Lo recibí con un beso en la mejilla, champán en mano. ‘La suite es nuestra’. Entramos. Luces tenues, aire acondicionado fresco contra mi piel caliente.
Me pidió verificar. Levantó mi vestido de seda, mano caliente en mi tanga. ‘Joder, qué suave… adoro este coño lampiño’. Sus dedos exploraron, rozando mi clítoris. Gemí bajito. Me giró, bajó la cremallera besándome la nuca. Frío en la espalda, luego sus labios calientes. Manos bajo el vestido, pellizcando mis pezones duros a través del encaje. La robe cayó. Quité el sujetador, mis tetas al aire. Él las amasó, firme pero suave. Apoyé la cabeza en su pecho, frotando mi culo contra su paquete duro. ‘Mmm, siento esa verga lista’.
Sus dedos bajaron a mi coño rasurado, metiéndose dentro. ‘Sin pelos, puro placer’. Me quité la tanga, me incliné. Él besó mis nalgas, lengua juguetona. Me arrodillé, desabotoné su camisa. Torso musculoso, pezones erectos. Bajé el pantalón, saqué esa polla gorda, venosa. La lamí de abajo arriba, hasta su boca. Beso largo, húmedo.
El sexo brutal bajo las estrellas y el secreto compartido
De rodillas otra vez, ojos en los suyos. Boca abierta, lengua en la punta, luego tragué entero. Cabeza subiendo y bajando, garganta llena. Él se tumbó, yo encima en 69. Su lengua en mi clítoris, chupando como un dios. ‘Para… no aguanto’, jadeé. No paró. Orgasmo brutal, grité, coño explotando en su cara.
Me penetró, piernas en sus hombros. ‘¡Fóllame fuerte!’. Polla profunda, embistes salvajes. Caí en tetas, lamí mientras follaba mi escote. Volvió al coño, ritmo feroz. A cuatro patas, él detrás, mano en clítoris. ‘Correte, puta cachonda’. Orgasmos en cadena, gemí hasta ahogarme. Me sacó, me arrodillé. Mamada intensa, leche caliente en mi boca. Tragué todo, honrada.
Nos tumbamos, sudorosos. ‘¿Repetimos?’, preguntó. ‘Sin ataduras, guapo’. Se vistió, beso de despedida. Bajé a cubierta, marido subió corriendo. ‘Joder, qué caliente’. Miramos el video en la sala oscura. Su polla dura. ‘Fóllame entre tetas, pero córrete en mi boca’. Lo hice, leche espesa que lamí. ‘Gracias, amor. Por ti, nada de amantes tuyas’.
De vuelta a la fiesta VIP en cubierta. Trajes, joyas, sonrisas falsas. Brindamos champán, como si nada. Nuestro secreto de élite, grabado para siempre. Ese vicio de lujo… inolvidable.