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Mi noche salvaje en la suite VIP del hotel más exclusivo de Múnich

Estaba en la suite presidencial del Bayerischer Hof, ese hotel de Múnich donde solo entran los que valen millones. Olor a cuero nuevo de los sofás, champán Dom Pérignon burbujeando en copas de cristal. Yo, con mi vestido de seda negra pegado al cuerpo, tetas altas y culo marcado. Frente a mí, Franz, el cirujano millonario, ojos grises que me desnudaban, y su mujer Hanna, rubia elegante, labios rojos, con esa mirada de ‘sé lo que pasa’. Firmábamos contratos, pero… ehh, las manos rozaban papeles y piel. Él me pasaba un dossier, dedos en mi muslo bajo la mesa de mármol. ‘Firma aquí, preciosa’, murmuró, voz ronca. Hanna sonreía, pero sus pezones se marcaban en la blusa de satén. El aire cargado, calor subiendo. ‘¿Seguro que solo negocios?’, pregunté, mordiéndome el labio. Franz rio bajito, ‘En este mundo VIP, todo lleva a lo mismo’. Hanna se acercó, perfume Chanel n°5 invadiendo. ‘Vamos a la terraza privada’, dijo ella, voz temblorosa. Puertas cerradas, solo nosotros tres. Luces tenues, vista al lago, viento suave en la piel.

Ya en privacidad total, la cosa explotó. Franz me empujó contra la pared de cristal, boca en mi cuello, mordiendo suave. ‘Joder, qué ganas de follarte’, gruñó. Hanna jadeaba, quitándose la blusa, tetas perfectas saltando libres. Yo le arranqué el vestido, coño ya húmedo oliendo a deseo. ‘Sí, cabrones, folladme ya’, supliqué, voz rota. Franz sacó su polla gorda, venosa, dura como acero, y me la metió en la boca de un empujón. Chupé fuerte, saliva goteando, lengua en el glande salado. Hanna se arrodilló detrás, lamiéndome el culo, dedos en mi coño chorreante. ‘Está empapada, Franz, métela ya’, dijo ella, excitada. Él me levantó, piernas abiertas, y clavó esa verga hasta el fondo. ‘¡Aaaah, joder, qué gruesa!’, grité, uñas en su espalda. Bombeaba brutal, huevos golpeando mi culo, sudor mezclándose con champán derramado. Hanna se subió al sofá de cuero, abriendo piernas: coño rosado, hinchado. ‘Lámeme, puta’, ordenó. Me tiré, lengua en su clítoris duro, chupando jugos dulces mientras Franz me follaba sin piedad. Cambiamos: Hanna montó su polla, gimiendo ‘¡Más profundo, amor!’, culo rebotando. Yo le senté en la cara, coño frotando su boca experta. Él lamía mi ano, dedos en mi chocho. Orgía total, cuerpos enredados, olor a sexo y cuero. Franz explotó primero, chorros calientes en la boca de Hanna, ella tragando todo, ‘Mmm, delicioso’. Yo corrí después, squirt en su pecho, temblando. Hanna se corrió gritando, coño contrayéndose en mi lengua.

La tensión sube en el salón privado

Minutos después, todo calmado. Nos vestimos, peinados en orden, copas de champán de nuevo. Franz ajustó corbata, ‘Contrato firmado, placer extra’. Hanna sonrió, besándome la mejilla, ‘Nuestro secreto de élite’. Bajamos al lobby como si nada, risas educadas, saludos a otros VIP. Pero bajo la piel, ardíamos. Ese poder, esa exclusividad… adictivo. Nunca olvidaré el sabor de su semen mezclado con champán.

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