Ay, chicas, acabo de bajar de ese yate privado… Dos meses sin dormir, asistente ejecutiva de Diego, el CEO más cabrón y guapo del mundo. Frio, exigente, con ese aire de poder que te moja al instante. Mi primer curro tras la escuela de negocios, y él me tiene comiendo de su mano. Invitación obligatoria a su retiro VIP en el Mediterráneo, cancelé todo con mis amigas. Mi novio ya me dejó, entro y salgo como un zombie, nevera vacía, ropa sucia por todos lados.
El yate es un sueño: cubierta de teca reluciente, olor a cuero nuevo y sal marina, champán Dom Pérignon helado en copas de cristal. Organizo todo: 50 invitados top, suites con jacuzzi privado, menús de caviar y langosta. Él llega con su esposa, Carla. En fotos es preciosa, en vivo… uf, petite, delgada, piel bronceada, ojos que te desnudan. Me mira y siento un cosquilleo, ¿eh? Diego me presenta: ‘Carmen es mi joya, incansable’. Flores de elogios, pero sé que calcula todo.
La tensión sube en el yate de lujo
Durante el cóctel, su mano roza mi espalda. ‘¿Puedo unirme?’, dice con sonrisa perfecta. Mi copa tiembla, champán dulce en la lengua, su perfume floral me envuelve. Se sienta a mi lado en la cena bajo las estrellas, luces tenues, jazz suave. Pierna contra pierna, piel suave contra mi falda de seda. No es casualidad, frota despacio, sube y baja. Mi coño palpita, huelo su calor. Toco contratos, pero solo pienso en ella. Piscina infinita, sauna, todo lujo mientras trabajamos estrategias.
Nado para calmarme, la veo salir del sauna con toalla ajustada, tetas firmes, muslos que invitan. ‘¿Estarás en mi mesa esta noche?’, pregunta, voz ronca. Asiento, babeando. Cena: su pie descalzo entre los míos, sube por mi pantorrilla. Jupe sube, vislumbro encaje negro. Mi polla del jefe… no, mi jefe está lejos, pero ella me calienta.
Noche profunda, tocan mi puerta. Abro, ella entra como un huracán, cierra, luces bajas. Se pega a mí, beso salvaje, lengua invasora, sabor a vino caro. ‘Shhh…’, dedo en labios. Quita blusa, pechos perfectos sin sujetador, pezones duros. Baja falda, coño depilado, húmedo. Me empuja al colchón king size, piel de satén contra sábanas frescas.
El clímax prohibido en la suite VIP
Agarra mi polla tiesa, duele de dura. ‘Qué pedazo de verga…’, masturba lento, saliva en el glande. Se monta, guía mi polla a su coño chorreante. ‘Ahhh…’, gime, empalándose hasta el fondo. Sube y baja, aprieta con el coño, tetas rebotando. Olor a sexo, sudor salado, cuero del yate. Me usa como un dildo vivo, ojos cerrados, frotando clítoris.
Se tumba sobre mí, piel caliente, suave como terciopelo. Me inmoviliza brazos, besa profundo, saliva dulce. Mueve cadera lento, gime bajito: ‘Fóllame más…’. Acelera, coño apretado ordeñándome. Quiero correrme, pero ella aprieta: ‘Dentro, lléname’. Exploto, chorros calientes en su útero, ella tiembla, uñas en mi espalda, mordida en cuello. ‘Sííí, joder…’.
Duermo abrazado, despierto solo, su tanga en mi chaqueta con nota: ‘Llámame’. Desayuno, ella sonríe a Diego, yo evito miradas. Él me felicita: ‘Gracias por cuidar de Carla’. Susurro: ‘Sobre todo por ella’.
Llamo, él conduce. ‘Ven a casa mañana’. Al día siguiente en oficina: ‘Ella te adora. Sé todo, fóllala bien o fuera’. Vivo con ellos meses, la follo a diario: coño, culo apretado, boca gulosa. Él mira, se pajea: ‘Más fuerte, cabrón’. Secretos de élite, lujo y placer sin fin. Ahora echo de menos esa verga en mi vida…