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Mi noche salvaje en el Club Carcosa: sexo VIP en París

Dios, aún tiemblo al recordarlo. Anoche, en París, 11º arrondissement. El Club Carcosa, solo para la élite. Entré por la puerta secreta, olor a cuero italiano nuevo, mezclado con el burbujeo del Dom Pérignon. Mi vestido de seda negra se pegaba a mis curvas, tetas altas, culo firme. Sentía la adrenalina del poder, ese rush de exclusividad que me pone cachonda.

Allí estaba él, Robert. Cuarentón, pelo blanco como nieve, ojos azules que perforan. 1,75, cuerpo sólido bajo el traje Armani. Su hijo Clément, 19 años, igual de blanco, mirada perdida pero intensa. ‘Bienvenida, Clara’, dice Robert con voz grave. Me sientan en un sofá de piel, suave contra mis muslos desnudos. ‘Hablemos de contratos’, murmura, deslizando un dossier sobre la mesa de cristal. Papeles con sellos dorados, tratos oscuros, poder puro. Nuestras rodillas se rozan. ‘¿Estás segura?’, pregunta, su mano en mi rodilla. Hago que sí, lento. El aire se espesa, champagne en la lengua, frío y dulce.

La tensión en la suite privada del ático

Clément observa, callado. ‘Papá, los detalles…’, dice bajito. Robert asiente, cierra la puerta blindada. Ahora es privado. VIP total. Se acerca, su aliento en mi cuello, olor a colonia cara y deseo. ‘Quítatelo’, ordena. Deslizo el vestido, caen las braguitas de encaje. Mis pezones duros, coño ya húmedo. Él se desabrocha, polla gruesa saliendo, venosa, cabezona. ‘Joder, qué pedazo’, gimo. Me empuja al sofá, boca en mis tetas, chupando fuerte, mordiendo. ‘Ah… sí…’, jadeo.

El clímax prohibido y el regreso al lujo

De rodillas, le como la polla. Salada, dura como hierro. La trago profunda, garganta apretada, él gime ‘Buena chica’. Clément mira, polla tiesa en el pantalón. Robert me tumba, piernas abiertas. ‘Mira este coño español’, dice, lengua dentro, lamiendo clítoris hinchado. Chupa mi jugo, dedos metidos, follando adentro. ‘¡Me corro! ¡Joder!’, grito, chorro en su cara. Él ríe, salvaje. Se pone encima, polla embistiendo mi coño empapado. Golpes brutales, piel contra piel, sudor. ‘¡Fóllame más duro!’, pido. Me da la vuelta, a cuatro, nalgada fuerte, roja mi piel. Polla en el culo ahora, lubricado con mi propio coño. Duele rico, estira todo. ‘¡Sí, rómpeme el ojete!’, grito. Él acelera, bolas golpeando, yo me froto el clítoris. Clément se acerca, polla joven en mi boca. Doble penetración verbal, gemidos. Robert eyacula dentro, caliente, lleno. Yo exploto otra vez, temblando.

Clément termina en mi lengua, semen espeso, lo trago sonriendo. Sudados, jadeantes. Minutos después, Robert ajusta corbata. ‘Excelente reunión, Clara’. Champagne nuevo, brindamos. ‘El contrato está firmado’. Clément asiente, como si nada. Me visto, seda fría ahora. Besos en mejillas, ‘Hasta la próxima, princesa’. Salgo al ático, noche parisina, secreto nuestro. Ese pacto elitista, lujo y vicio. Aún huelo a sexo bajo el perfume. Mañana, todo normal. Pero yo… yo quiero más.

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