Estaba en el yate privado anclado frente a Ibiza, una fiesta de élite para cerrar contratos millonarios. El aire olía a sal marina y colonia cara. Cuero de los asientos calientes bajo el sol poniente, copas de champagne burbujeando. Ámbar apareció entre la gente, veintitantos, pelo castaño claro suelto, ojos azules que perforan. Vestida con un top de seda bronce que marcaba sus curvas largas, pantalón negro ajustado a piernas infinitas. Hablábamos de dossiers, inversiones… pero sus miradas decían otra cosa. Rozaba mi brazo al pasar páginas, su perfume de mandarina y jazmín me volvía loco.
—¿Puedo sentarme más cerca? —le dije, voz baja.
La Tensión en la Terraza VIP
Sonrió, seria al principio, luego picante. —Sí, claro… me gustas.
Horas charlando, roces casuales. El yate vibraba con música suave. Le invité un Moët, el gusto ácido en labios rojos. Sus dedos jugaban con el borde de la copa, mirándome fijo. La tensión crecía, calor entre piernas. El espacio VIP de la terraza se vaciaba, invitados bajaban a cubierta. La cogí de la mano. —Ven conmigo.
Entramos en la cabina privada, luces tenues, cama king con sábanas de satén, olor a cuero nuevo y su piel. La besé directo, sin rodeos. Sus labios suaves, lengua ansiosa. Me apretó contra ella, —Espera… ¿vamos muy rápido? Pero joder, me encantas.
La levanté por los muslos, piel aterciopelada bajo mis manos. Pesaba nada. La tiré en la mesa de cristal, rodeada de chrome reluciente. Sus piernas me rodearon, notó mi polla dura contra su coño a través de la seda. Se frotaba, cachonda. La mordí el cuello, manos en su pelo. —Quítate eso —le susurré.
Deslizó el top, sujetador de encaje cayó. Tetas redondas, pezones rosados duros. Las chupé fuerte, mordí, ella gemía, —¡Ay, cabrón! Me excitas tanto.
Me quité la camisa, ella palpó mis abdominales, pectorales. Boca abierta, sorprendida. Bajé su pantalón, tanga al suelo. Coño depilado, labios hinchados, mojado ya. Se abrió de piernas en el sofá de cuero negro. —Fóllame ya, directo.
Me desabroché, polla tiesa, gruesa, venosa. Ella se tocaba el clítoris, esperando. Me acerqué, la besé salvaje. La puse de lado, glande en su entrada húmeda. Sus manos en mis nalgas, —¡Métela toda!
Empujé, su coño apretado me tragó. Mitad dentro, la besé, mordí tetas. —¡Joder, sí! —gritó. La embestí entera, huevos golpeando su culo. Sudor salado en su frente, lo lamí. Mouille chorreando, polla resbalando en sus paredes calientes. Me arañó la espalda, yo la taladraba sin piedad.
La saqué, —Siéntate encima. Chevaquéame.
Se subió, coño tragando mi verga hasta el fondo. Tetas en mi cara, las mordí, lengua en areolas granulosas. —¡Me comes viva! —rió nerviosa. Cabalga fuerte, caderas girando, yo agarrando su culo suave. —Tu coño es perfecto, mojas como puta.
Placer Brutal en la Cabina Privada
—Pensaba en ti masturbándome ayer —confesó, acelerando.
La puse boca arriba, piernas en alto. La pegué fuerte, viendo mi polla entrar y salir, labios rojos abiertos, crema blanca alrededor. Chupé mis dedos con su jugo, salado. —Quiero correrme dentro.
—Sí, lléname la concha.
Cerré sus muslos, más apretado. Sus tetas botando, orgasmo la sacudió, contracciones ordeñándome. —¡Ámbar! —grité, semen jet tras jet en su vientre.
En cucharita, polla pegajosa en su culo. —Otra vez… ¿por aquí? —dijo, guiándome al ano.
Gel frío, dedo dentro, relajado. —Me lo has hecho antes, ¿eh?
La embestí anal, recto suave, crujiente. A cuatro patas en la cama, la sodomicé profundo, huevos en sus nalgas. Se tocaba el coño, semen viejo goteando. —¡Enzo, fóllame el culo fuerte!
Me corrí dentro, espasmos violentos, polla temblando en su interior.
Agotados, pieles sudadas. Se durmió en mis brazos, olor vainilla en su pelo. La dejé reposar.
Arriba en cubierta, champagne en mano, contratos firmados. Sonrisas cómplices, como si nada. Nuestro secreto VIP, adrenalina pura. Ella guiñó ojo, —Repetimos pronto.
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