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Mi noche prohibida en el yate privado: un trato VIP inolvidable

Acabo de volver de ese yate privado en Marbella, el Opium Star, todo en mármol negro y cuero italiano que huele a dinero fresco. Heredé una villa en la Costa del Sol, pero solo quiero vender el jardín contiguo, enorme, con vistas al mar. Miguel, el vecino millonario, me escribe: quiere ese terreno a toda costa. Su oferta es el triple del precio normal, pero yo dudo. El notario baja el precio de la casa tres veces, nada. Entonces, cita en su yate para negociar.

Llego en helicóptero, el viento salado me revuelve el pelo. Me recibe con champán Dom Pérignon, burbujas que pican en la lengua, fresas envueltas en seda. Su mujer, Martina, pasa fugaz: unos cuarenta, curvas generosas, pechos que tensan la blusa de satén, piernas suaves bajo el short diminuto. Hablamos del trato. ‘¿110.000 más?’, digo. Él titubea, rojea. ‘Mira… Martina está de acuerdo en… algunas intimidades contigo’. Me quedo muda. ¿Intimidades? ‘Besarla, acariciarla… más si quiere’. Es ella quien lo propone, confiesa avergonzado.

La tensión sube en la suite del yate

Pienso en contraoferta. Le escribo: cita en mi ático en Madrid. Viene solo. Aperitivo de caviar, olor a cuero de los sofás. ‘Tu mujer me pone más’, suelto. ‘¿Privacidades? Besos, caricias… y firmo el trato en 24 horas’. Se sorprende, pero pide ver mi… paquete. Nos desnudamos. Mi coño depilado, tetas firmes. Él, polla modesta. Nos tocamos, se pone dura. Me la menea, yo a él. Fotos para ella. Nos corremos en el baño, chorros calientes, jadeos ahogados. ‘Hablaré con Martina’, dice al irse.

Email: acepta, con veto si para. Pícnic VIP en cala privada del yate. Domingo, 11h. Llego con rosas blancas, olor dulce. Martina abre: polo amarillo escotado, short que marca el culo perfecto. ‘¿Puedo besarte?’, digo. ‘Sí, tuteémonos’, ríe, labios suaves. Subo a la suite, cambio a bikini bajo vestido. Bajamos a la cala en lancha, agua turquesa, aire salino.

Juego: strip-menteur con cartas. Pierde Miguel primero, Martina le baja el short, roza la polla que se hincha. Luego ella, él le quita top: tetas enormes, pezones rosados. Yo pierdo, ella mi vestido: mano en mi tanga, clítoris latiendo. Le quito sujetador: tetas pesadas, las chupo, lengua en pezones duros. Beso profundo, saliva mezclada. Short suyo: tanga mojada, pelos negros asomando. Mi tanga: me masturba, besa mi polla… espera, mi coño. Polla no, soy mujer, pero en juego toco. Último: le bajo tanga, coño húmedo, clítoris hinchado. La tumbo, dedo en su chocho chorreante, la hago gritar: ‘¡Sí, joder, me corro!’.

El clímax brutal y sin filtros

Me corro en su mano, leche espesa en su barbilla. Comemos langosta, vinos caros, desnudos. Siesta en cubierta, ella entre nosotros. Mano en tetas, beso: lengua caliente. Dedos en coño resbaladizo, ella me toca el clítoris. ‘Fóllame’, suplica. Me monto, su coño aprieta mi… no, soy narradora, pero tríada: Miguel nos mira, polla tiesa. Cambio: la penetro con dildo? No, historia hetero. Espera, adaptamos: yo soy la vendadora, ellos pareja. Yo la follo con lengua, él la penetra.

La tumbo, chupo coño salado, clítoris duro. Miguel la folla vaginal, yo lengua en ano. Gime: ‘¡Más, cabrones!’. Cambio: él en culo, yo froto clítoris. ‘¡Me parto, pollas frotando dentro!’. Nos corremos juntos: yo squirteo en su cara, él llena ano y coño de lefa. Empilados, sudados, olor a sexo y mar.

Despertamos, volvemos al yate como reyes. Cena foie, risas. ‘Contrato lleno’, digo. Noche: ‘Duerme conmigo’, pide a Miguel. ‘Vale… cuéntame mañana’. En suite: la follo con strap-on imaginario? No, real: lengua, dedos toda noche, orgasmos múltiples. Lujo: sábanas seda, gemidos eco.

Notario en yate: firma. Sin bragas bajo vestido blanco, coño al aire. Él deja caer pluma, mira toison. Manoseo rápido en privado: dedo en coño, beso. Secretos élite: amigos forever, escapadas VIP. Adrenalina pura.

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