Acabo de bajar del yate de Robert, aún siento el calor en mi piel. Dios, qué noche… Todo empezó en su jet privado, volando hacia Ibiza. Él, el magnate que creó su imperio de la nada, como si tallara su propio trono. Yo, Noemí, su debilidad secreta desde hace años. Llegamos al yate anclado en la cala exclusiva, todo brillo de acero y cristal, olor a cuero nuevo mezclado con sal marina. Champagne Dom Pérignon en copas de cristal, burbujas que pinchan la lengua, frescas y dulces.
Nos sentamos en la suite VIP, esa zona solo para él y sus invitados selectos. Dossiers abiertos sobre la mesa de mármol: contratos millonarios, fusiones que valen fortunas. Él con su traje Armani impecable, corbata suelta, ojos clavados en mí mientras hojea papeles. ‘Noemí, mira esto… ¿firmamos?’ Su voz grave, ronca. Yo cruzo las piernas, mi falda de seda negra sube un poco, rozando mis muslos desnudos contra el cuero del sofá. Huele a su colonia cara, madera de sándalo. Nuestras miradas se cruzan, largas, intensas. Siento la adrenalina, el poder que emana de él. ‘Eh… Robert, ¿y si lo dejamos para mañana?’, digo bajito, mordiéndome el labio. Él sonríe, esa sonrisa de depredador. Cierra el dossier de golpe. ‘Esta zona es privada ahora. Solo tú y yo.’ Las luces bajan, el yacht se aleja de la costa, olas meciéndonos suave.
La Tensión en el Yate de Lujo
De repente, su mano en mi rodilla. Sube despacio, bajo la seda. ‘Joder, Noemí, me vuelves loco desde el primer día.’ Yo jadeo, el corazón latiendo fuerte. Lo empujo contra el sofá, desabrocho su camisa, pelo del pecho áspero bajo mis uñas. Él me arranca la falda, bragas de encaje volando. ‘Quítate todo, puta mía.’ Mi coño ya empapado, clítoris hinchado. Me monto encima, su polla dura como hierro saliendo del pantalón. Gruesa, venosa, goteando precum. La froto contra mis labios vaginales, resbaladiza. ‘Fóllame ya, Robert, no aguanto.’ Él agarra mis tetas, pezones duros entre sus dedos, pellizcando fuerte. Empujo, su polla entra de un golpe, estirándome hasta el fondo. ‘¡Ahhh, joder, qué prieta estás!’ Cabalgo salvaje, nalgas chocando contra sus muslos, sudor salado en la piel. Olor a sexo crudo, cuero mojado. Él me da la vuelta, perra en cuatro sobre el sofá. Me abre el culo, lengua en mi ano primero, lamiendo profundo. ‘Tu culito es mío.’ Luego, polla en mi coño otra vez, embistiendo brutal, bolas golpeando mi clítoris. Grito, orgasmo me sacude, chorros calientes bajando por mis piernas. Él acelera, ‘Me corro, puta, toma mi leche.’ Chorros espesos llenándome, desbordando.
El Placer Brutal y el Regreso a la Normalidad
No paramos. Me pone contra la barandilla, viento en la cara, polla en mi boca ahora. Chupo voraz, lengua en el glande, bolas en la mano. ‘Trágatela toda, zorra.’ La trago hasta la garganta, arcadas placenteras, saliva goteando. Él explota otra vez, semen amargo en mi lengua, lo bebo todo. Cae exhausto, yo temblando.
Minutos después, luces arriba. Él se abrocha el traje, yo me visto, piernas flojas. Champagne nuevo, brindamos por ‘los contratos’. Sonrisas cómplices, como si nada. ‘Buenas noches, Noemí. Hasta la próxima fusión.’ Bajo al helicóptero, el secreto elite nuestro, esa exclusividad que nos ata. Aún huelo a él, a cuero y semen. Qué vicio…